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Entradas

Con chándal y a lo loco

Ayer hablaba con una amiga sobre estos días de final de septiembre en los que una no sabe qué ponerse. "Ropa de entretiempo" te recomiendan. Qué lío. Una no sabe si ponerse el abrigo o seguir con tirantes. Por la mañana te congelas y por la tarde te asfixias. Mi amiga en cambio, práctica y resolutiva, lo tenía claro. "Lo mejor es ir en chándal". Yo la miré atónita. Pensé que estaba de broma. Es una persona que suele vestir bien y que además se gasta mucho dinero en ropa. No me atrevi a responder y me quedé pensativa.  El chándal ha ganado la batalla al buen gusto. No hay más que mirar a nuestro alrededor. Hoy en día el chándal campa a sus anchas. Hasta las colecciones de los diseñadores de alta costura incorporan chándales. Chándales sofisticados y lujosos pero chándales al fin y al cabo. Habrá quien me tilde de "pija", de anticuada o de "demodée ". Me da igual. Pero no tengo chándal y creo que nunca lo tendré, aunque quién sabe, no digas nun...

Otras vidas

Llevo tiempo queriendo escribir pero no me sale. Pienso temas. Busco métodos de inspiración. Me concentro. Me relajo. Hago yoga. Leo. Escucho música. Pero nada. Qué tristeza. Mis fans me reclaman, se impacientan. Algunos hasta se preocupan. “Que las musas me pillen trabajando” decía Picasso. Sigo su consejo y aquí estoy, volcando sobre folio en blanco lo primero que se me pasa por la cabeza.  Varias ideas me vienen a la mente. Lanzo una. Me pregunto si es bueno pasarse la vida haciendo cosas que en el fondo uno no quiere hacer. Casi todo lo que hacemos cada día son cosas que si pudiésemos elegir, seguramente no haríamos. Madrugar, trabajar, ir a la compra, recoger a los niños en el colegio, preparar la cena… Somos animales domésticos, o más bien domesticados, entrenados para llevar una vida, en la mayoría de los casos, rutinaria.  Las rutinas son cómodas, conllevan confort, tranquilidad, confianza, pero a veces también cierto hartazgo. Las rutinas nos aletargan, nos adormece...

Hoy va de huevos

Entro en casa y encuentro a mi marido  vestido de jardinero. -Hay huevos en el jardín- me dice muy serio.  Qué manera tan rara de recibirme. Más normal me hubiese resultado que me hubiera dicho que no había huevos en la nevera.  - Espero que no sean de dinosaurio- se me ocurre contestarle, pero no me asomo al jardín para verificar de qué o quién pueden ser los huevos. Prefiero seguir en la inopia. - No te veo preocupada. -¿Acaso debo estarlo?.   -Hay cientos de huevos- me contesta con los ojos muy abiertos.  Yo, en cambio, cierro los ojos y comienzo a imaginar mi jardín plagado de huevos enormes, como en una película de ciencia ficción.  De esos huevos puede salir cualquier cosa. Extrañas criaturas, gremlins, pájaros voraces, arañas peludas, gusanos de mil patas, patos asesinos, pollos descabezados, lagartos verdes, niños extraterrestres. Puede ser una plaga, un ataque desde otro mundo, o una maldición. Quizá algún tipo de profecía.  Me da miedo salir ...

Reputación, a vuelapluma.

  Una noche, con 14 años, en plena edad del pavo, salí del baño de un discoteca de moda con el papel higiénico enganchado en la falda arrebujada, arrastrándolo como si de una larga y fina cola de novia se tratara.  A mi paso algunos se reían, pero nadie me decía nada. Arrastré alegremente mi particular cola hasta el lugar de la pista en el que se encontraban mis amigas entregadas a un ritmo frenético y me uní al grupo como si nada. Fue entonces cuando una de ellas me señaló mi  larga cola de papel. Quise desaparecer en ese mismo instante, hacerme invisible. Recuerdo que repasé una por una las personas a las que había saludado en mi camino desde el baño a la pista para no volver a mirarlas jamás a la cara. Sentí arruinada para siempre mi imagen y mi reputación. Qué verguenza tan terrible.Qué bochorno. Qué tragedia (así eran las tragedias a esa edad). Afortunadamente, casi nadie se había dado cuenta y al fin de semana siguiente nadie se acordaba. Nunca nadie me señaló con e...

¿Hacia dónde vamos?

Esto de la inteligencia artificial me tiene estresada últimamente. Ando un poco saturada con la IA, los robots, la transformación digital, los algoritmos, las plataformas, la realidad virtual... Google lo sabe todo de nosotros,  nuestros teléfonos nos espían, las redes sociales nos absorben y consumen nuestro tiempo sin darnos cuenta. Nos hemos vuelto adictos, algunos incluso esclavos. Pasamos horas mirando una pantalla, pegados al móvil, hablamos con Alexa y el chatGPT responde todas nuestras dudas. Vivimos a una velocidad frenética. Todo es inmediato. Vamos como pollos sin cabeza.  Nos inunda la información y a la vez no podemos ya fiarnos de nada. Desinformación, fake news, ciberataques, suplantación de identidad…   El mundo avanza muy rápido. Hay que ponerse al día. Hay que estar a la última. No puedes quedarte atrás. Hay que saber computación, programación, hay que analizar miles de datos. Las habilidades digitales cada vez son más imprescindibles. Hay que apren...

Soledad

Me siento a tu lado como cada tarde. Hoy no te he traído flores. Las de la semana pasada aún te duran. Hoy he venido cargado de álbumes de fotos. No creo que tengamos tiempo para verlos todos. ¡Qué tontería!.  Tenemos todo el tiempo del mundo. No tengo nada mejor que hacer. Y supongo que tú  todavía menos. Aunque contigo nunca se sabe.  Abro uno de ellos al azar. Mira, aparece Antoñito con pantalones cortos y tiritas en las rodillas. Qué guerra nos dio siempre, ¿te acuerdas? Recuerdo que hasta le teníamos que poner una chichonera porque iba dándose golpes en todas las esquinas. Qué inquieto era, siempre corriendo, saltando, atrevido, listo, sin miedo a nada. Me hacía sentirme orgulloso. Hace tiempo que no se nada de él.  Con lo cariñoso que era de pequeño. Ahora está siempre demasiado ocupado,  siempre viajando. Y sigue corriendo. Corre maratones en Nueva York, en Japón, hasta en Australia. Me pregunto qué meta persigue, de qué escapa o si acaso es que alguien l...

Amor imposible

Llevo días obsesionado. No paro de pensar en Ella, día y noche. Me quita el sueño. Invade mis pensamientos.  Temo que Pamela, que es extremadamente sensible, haya notado algo. Pamela tiene un sexto sentido muy desarrollado. Sabe siempre cómo me siento y lo que pienso, me asusta. Estoy deseando salir a la calle y cruzarme con Ella. Cuando la veo se me dispara la adrenalina. Siento una irremediable tentación de acercarme a hablar con Ella, de estar cerca, de mirarla directamente a los ojos. Esos ojos rasgados, verdes y profundos.  Pero siempre que salgo a la calle lo hago con Pamela. Siempre ha sido así. Siempre juntos. Pamela no hace nada sin mí y yo no hago nada sin Pamela. Creo que sospecharía si un día me viese salir solo a la calle.  No me dejaría  hacerlo.  Hasta que Ella apareció en mi vida, me gustaba mi especial relación con Pamela, nuestra rutina sin variaciones. Sé que siente mi dueña y como tal actúa, pero nunca me ha importado. Al contrario, siempre h...

Soy un robot

Soy un robot. Llevo un tiempo sospechándolo. Me surge la duda de si lo habré sido siempre o habré mutado recientemente. Creo más bien que es algo reciente. Pasé de ser humano a ser robot. Supongo que en plena revolución digital, es normal que estas cosas pasen. Uno lee cosas extrañas y piensa que nunca le va a tocar hasta que le toca. A mí me ha tocado una mutación digital. La gente no lo nota porque no se me nota. Aparentemente sigo siendo la misma.  El mismo cuerpo, la misma cara, los mismos ojos, la misma forma de mirar, la misma sonrisa, la misma manera de andar.  Sigo comiendo y durmiendo. Siento y padezco. Río y lloro. Tengo frío y calor. No tengo teclas, ni antenas, ni interruptores. No tengo motor ni se enciende en mí ninguna luz. No tengo rayos X.  Supongo que los robots modernos somos así. Parecemos humanos pero no lo somos. Cuando lo cuento, la gente no se lo cree, pero yo insisto. Entonces me pellizcan, me ponen a prueba, me miran raro y desconfían. Alguno pen...

Despropósitos de Año nuevo

¡Segunda oportunidad, segunda oportunidad! El que no logró cumplir los buenos propósitos de septiembre tiene una nueva oportunidad para hacerlo. El reloj se pone a cero. Tic tac, tic tac. Es el momento. Me estreso.  Ni siquiera llegué a escribir los propósitos de septiembre. Menos mal. Dudo que haya cumplido alguno. Me pregunto si debo replanteármelos con la llegada de enero. Aunque ya ni sé si siguen siendo los mismos.  En septiembre los propósitos suelen ser más cotidianos, hacer deporte, adelgazar o aprender inglés. En año nuevo, la gente se pone más profunda y se propone cosas como "disfrutar cada momento como si fuera el último."  Lo cierto es que, en general, la mayoría de los propósitos suelen caer en el olvido (aunque habrá quien los cumpla, que hay gente para todo). Y a medida que avanza el año lo que empiezan a sucederse son ciertos despropósitos que, al contrario de los propósitos, no se suelen planificar, sino que ocurren sin más, cuando menos te lo esperas. H...

Buscando la paz

Leo hoy que lo que ahora está de moda para luchar contra el estrés y encontrar la paz y el equilibrio es abrazar vacas. La gente en Inglaterra paga 60 libras por pasar un rato en una granja abrazados a una vaca, a la cual, supongo, alguien habrá tenido antes que domesticar. Yo a veces no distingo bien una vaca de un toro ( hay vacas muy bravas) así que, cuando lo pienso me da miedo. Dicen que la temperatura corporal de las vacas es más alta que la nuestra y que tienen un pulso más bajo, por eso acurrucarse a su lado hace que te sientas muy a gusto. No dicen nada del olor.  Otros abrazan caballos. Un caballo, así a priori, lo veo más amigable. Dicen que los caballos son sensibles y que pueden sentir tu tensión o tu tristeza y "que reaccionan sin juzgarte".  Me tranquiliza no ser juzgada por un caballo. Lo que no estoy segura es si vale abrazar a un pony o a un burro. Un burro parece menos "cool" aunque resulta muy navideño. Hay quien abraza árboles. Lo probé  hace po...