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Mostrando entradas de abril, 2026

La cara oculta de la luna

Estoy muy decepcionada con el último viaje a la luna. Tanto bombo y platillo con eso de pisar la cara oculta y resulta que sólo han descubierto que es una superficie más densa, con más cráteres y que hace más frío. Para este viaje no necesitábamos alforjas, que diría mi abuela. Lo de viajar a la cara oculta de la luna me parecía algo muy misterioso, casi seductor. La luna ya lo es de por sí: tan blanca, tan lejana, tan brillante, tan nocturna, tan cambiante. Descubrir su otra cara sonaba como a revelar un secreto oculto desde hace siglos. A mí me habría encantado que me dejaran ir pero, claro, no soy astronauta, así que era implanteable. Pero, al menos, me habría encantado  que hubieran encontrado algo inesperado. No sé, seres extraterrestres, por ejemplo. Seres blancos, ingrávidos, casi transparentes, con una inteligencia extraordinaria. Eso sí habría sido fascinante. Hoy en día hay gente capaz de inventarse las cosas más increíbles y lo peor es que nos lo creemos. Me pregunto por...

Historias de ascensor

Es curioso la cantidad de situaciones pintorescas que ocurren en un ascensor. Una amiga trabaja en el piso 28 de una gran torre. Un día, a primera hora, entró sola en el ascensor. Relajada y  confiada, se tiró un discreto pedo. En el siguiente piso se abrieron las puertas y entró su jefe. El ascensor olía a bomba fétida. Él se tapó la nariz y la miró. Ella hizo como si la cosa no fuese con ella y creyó morirse. Él puso cara de circunstancia. Subieron juntos 27 plantas que a mi amiga le parecieron siete años. La historia de otra conocida fue aún peor. Subía en ascensor a su ofina cuando entró una compañera jovencita y voluptuosa hablando por teléfono a voz en grito. El ascensor era tan pequeño que todos los que estaban dentro oían perfectamente la conversación un tanto subida de tono. A mi amiga le pareció reconocer la voz de su marido al otro lado del teléfono pero, inocente, pensó que era imposible que fuese él. Hasta que su compañera se despidió y pronunció el nombre de su interl...

Palabras

Me gusta mucho el sonido de algunas palabras, con independencia de su significado. Me gusta cómo resuenan cuando se pronuncian, cómo vibran, cómo incluso parece que te acarician cuando alguien las dice. Hay letras que bailan muy bien juntas en una palabra. Por ejemplo, la "c" y la "l".  Por eso me gustan palabras como tecla, clon, claqué, Clotilde o eclipse.  También hacen muy buena pareja la "b" o la "v": con la "l". Se las ve felices juntas en palabras como bledo o blando o incluso en otras donde las separa una vocal como ocurre en belén, baldosa o válvula. Hay palabras que me resultan divertidas.  Quizá es por la repetición rítmica de sus vocales. Son palabras como pizpireta, pizca, coco, caca, piripi, polvorín, polvorón, bereber, voltereta, retintín, tostón, chirimiri, o cucurucho. Son en si mismas como pequeñas canciones. Las palabras de origen árabe me parecen en cambio evocadoras. Tienen una musicalidad envolvente: almohada, alfé...

Ay Babia, Babia...

Cuando era pequeña había dos sitios a los que soñaba con ir. Uno era Santa Apolonia, un pueblo misterioso del que nos hablaba mi tía abuela Gracita. Cada tarde de verano, mis primos y yo repetíamos el mismo ritual: bici, galletas, cantimplora medio fría y una firme determinación de llegar por fin a nuestro destino. Pero nunca llegábamos. Volvíamos agotados y con las piernas temblando pero lo pasábamos tan bien en el camino que sólo pensábamos en repetir al día siguiente. Hoy me pregunto si Santa Apolonia existía de verdad o si todo formaba parte de un plan orquestado por mi tía Gracita para hacernos desaparecer durante unas horas. Cada vez me inclino más por lo segundo pero mi tía se llevó el secreto a la tumba. El segundo lugar con el que siempre he soñado, y sigo haciéndolo, es Babia. A ese tampoco he conseguido llegar nunca aunque me temo que debe estar hasta arriba de gente. Cada vez que oigo que alguien “está en Babia”, me da mucha envidia. A veces me imagino Babia como un edén se...