martes, 23 de febrero de 2021

Decisiones

 

Una vez compré a mis hijos un cuento que tenía muchos finales. A medida que avanzaba la historia tenías que ir tomando decisiones y en función de lo que eligieras el final era distinto. Mis hijos, tramposillos, siempre hojeaban otros finales y terminaban tomando siempre las mismas decisiones, las que les llevaban al final que más les gustaba.
 
Pero la vida no es como el cuento. No te deja hojear los posibles finales. Uno nunca sabe qué habría sido de su vida si hubiera tomado una decisión distinta. Cada elección, por pequeña que parezca, va marcando el devenir de los acontecimientos. Algunas decisiones influyen de manera obvia como elegir la persona con la que vas a compartir tu vida o la ciudad en la que vas a vivir.  Otras son aparentemente detalles sin importancia, y sin embargo, a menudo arrastran consecuencias de enorme trascendencia. Doblar una esquina en vez de continuar recto, fijar un día y no otro en el calendario o soltar una mano en un instante preciso. A veces, un pequeño gesto, una decisión banal marca tu vida para siempre. Cuando me paro a pensarlo me da vértigo.

 
A veces pienso cómo sería mi vida si hubiese hecho esto o aquello. Nunca sabremos con certeza qué hubiera sido de nosotros si hubiéramos tirado por otro camino. Quizá esa sea la razón por la que solemos justificar las decisiones tomadas, autoconvenciéndonos de que fueron las más acertadas. Probablemente sea el ejercicio más inteligente, porque de nada vale torturarse con lo contrario, teniendo en cuenta que casi nunca hay una vuelta atrás en idénticas condiciones. 

Puedes rectificar, rebobinar, porque nada es irremediable salvo la muerte, pero lo que era y cambió nunca volverá a ser lo mismo. Cada decisión es fruto de un aquí y un ahora, de unas circunstancias y unas variables que nunca se vuelven a repetir igual.

A veces da la sensación de que el destino se adelanta a tus decisiones, te toma la delantera. Como si llegaras tarde y alguien hubiese decidido por tí. Otras veces, reconoces claramente los frutos de tus actos aunque no quieras asumirlos y eches la culpa al destino o a la suerte.

A mí me suele costar tomar decisiones. Doy vueltas, pospongo, consulto a la almohada y a más de una “asesora”, amigas de las que siempre me fío. Me acuerdo de un novio que tuve con 20 años. No sabía si seguir o dejarle y hasta a él le consulté mis dudas. El pobre, muy sensato, me dijo “sólo te pido que te vayas  a tu casa y escuches a tu corazón, no lo que te dicen cada una de tus 1.200 amigas”. Al final, le dejé (consulté a mis amigas!).

Me encanta la gente que no da vueltas, que lo ve claro y actúa, que se lanza, que se enfrente con valentía a los problemas y aporta soluciones, aunque a veces se equivoquen. La vida es pura decisión. Para avanzar hay  que asumir riesgos,  aunque a veces de miedo. Y además,  como dice mi querida amiga Padi, no se puede llorar por leche derramada!! A ver si aprendemos...

Feliz semana!

 

 
 
 

 

 
 

jueves, 11 de febrero de 2021

Ideas

Llevo un tiempo enganchada a una idea o mejor dicho, una idea lleva tiempo enganchada a mí. No me la quito de encima.  Me despierto por la noche y es lo primero que me viene a la cabeza y le empiezo a dar vueltas y vueltas, y la idea crece, se deforma, se desvirtúa. Me desvelo por su culpa. Me la imagino como un pañuelo atrapado en un ventilador dando vueltas sin parar. Es una idea molinillo. 

Es curioso lo distintas que son las ideas. Mis preferidas son las ideas semilla. Una idea que brota, va creciendo, va madurando, y poco a poco se convierte en algo real. 

También me gustan las ideas bombilla. Surgen de repente, cuando menos te lo esperas. Cuando estás desorientado, sin saber por dónde tirar, de pronto te iluminan y lo ves todo claro.

Otras ideas son muy escurridizas. Aparecen y rápidamente se escapan. Son ideas aficionadas a la fuga. No las puedes retener. ¿Qué estaba yo pensando? te sueles preguntar, pero eres incapaz de recordarlo.

Rápidas son también las ideas tobogán, que te llegan como en cascada, se deslizan fácilmente por tu mente, a menudo una tras otra. 

Hay gente que tiene ideas chinchetas, tan clavadas a su mente que es imposible despegarlas. Le ocurre mucho a la gente prejuiciosa. Hay ideas piedra, que pesan tremendamente. Otras son ideas resorte, repetitivas, las que saltan siempre motivadas por una misma razon. Son propias de los obsesivos.

Hay ideas grandes en cerebros muy estrechos. Suelen ser peligrosas. Hay ideas pulgas, que se transmiten de unos a otros. También ideas virus que se contagian muy fácilmente. 

Hay ideas a las que cuesta alimentar y otras que engordan solas. Hay ideas buenas casadas con malas aplicaciones. Hay ideas que siempre llegan tarde. 

Y hay ideas robadas. Lo malo es que cuando las descubres en manos del ladrón te suele pillar tan desprevenido que no te da tiempo ni a reaccionar.

Me pregunto donde irán las ideas perdidas, las desterradas, las que  nunca llegaron a buen puerto. Me pregunto qué será de ellas, si algún día encontrarán su camino o a su dueño. Si alguna vez llegarán a madurar o si quedarán para siempre huérfanas en el triste limbo de las ideas. 

Feliz semana!!

domingo, 7 de febrero de 2021

Efecto Halo

 

Hoy he leído un estupendo artículo de Carmen Posadas sobre el llamado  "efecto halo". Me ha encantado el concepto, al igual que me pasó con el de personas vitamina sobre el que escribía hace poco. Son conceptos que reflejan bien realidades cotidianas en las que no siempre nos paramos a pensar.

Es curioso como a menudo un solo rasgo o una sola característica de alguien nos lleva a imaginarnos cómo es esa persona en su generalidad. Los guapos, por ejemplo, tienen una enorme ventaja. Cuando alguien conoce a una persona guapa y atractiva, siempre está  más predispuesto a entablar amistad asumiendo que además de guapo será inteligente, simpático y seductor. A sensu contrario, los feos, las personas con apariencia poco agraciada lo tienen más complicado. Siempre hay una primera barrera que romper. Un prejuicio. Ser guapo te da un cierto halo de superioridad, un plus. Los guapos siempre ponen su foto en su currículum porque saben que en una primera criba el seleccionador, probablemente de manera inconsciente, tenga en cuenta el aspecto físico de los candidatos. Triste pero real.


Pero curiosamente los halos no solo se refieren a lo físico.  Los aspectos o atributos más inverosímiles pueden proporcionar un halo poderoso y además extender sus efectos a un amplio grupo de personas. Sucede por ejemplo con los apellidos. Pensemos por ejemplo en los Kennedy o en los Grimaldi de Mónaco. Apellidarte así  te da un halo de glamour y belleza que muchas veces poco tiene que ver con la realidad. No hay más que ver a la pobre hija pequeña de Carolina de Mónaco. Hace poco en una revista de moda la ponían de ejemplo de estilo, cuando la pobre niña, lo siento, ni es mona ni es estilosa ni viste bien ni nada. Pero es hija de Carolina y nieta de Grace Kelly y eso ya marca mucho, te da un halo de elegancia. A veces los halos se quiebran de manera irremediable. El mejor ejemplo es el pobre Paquirrín. No hace falta entrar en más detalles.

Por supuesto, la pertenencia a determinados grupos sociales también te da halo. Y aquí hay miles de ejemplos. Haber ido a una universidad prestigiosa es uno de ellos. Si has ido a Harvard parece  que se asume que eres de una determinada manera, distinto a si has ido a la Complutense, fantástica universidad pero sin el halo de Harvard. Los atributos asociados a una y otra universidad son completamente distintos. En este caso se trata de una especie de sello como ocurre también con algunas profesiones. Si uno es juez, piloto o notario ya tiene mucho ganado en la vida. No solo porque en la mayoría de los casos se lo merecen, sino porque el sesgo con el que la gente te ve es mucho más positivo que en el caso de otras muchas profesiones. Hay hasta nacionalidades con halo. Es el caso de los alemanes por ejemplo. Ser alemán te da un halo de inteligente, trabajador y eficiente.

Este tipo de halos muchas veces provocan injusticias.  Como el hecho de favorecer a determinadas personas por su raza, género, u orientación sexual.  Sin ahondar en el tema que da para un post aparte, hemos pasado de discriminar a favorecer a determinadas personas en función de unos rasgos o características que poco tienen que ver con su talento o su valía personal.

En definitiva, que es importante saber reconocer los halos para no llevarnos a engaño, sobre todo hoy en día donde el halo te lo dan cosas tan absurdas como el número de seguidores o de likes en las redes sociales. Creo que merece la pena ahondar siempre un poquito más y descubrir en cada persona lo que de verdad cuenta o debería contar. Seguro que nos llevamos muchas sorpresas.

Feliz semana!

lunes, 1 de febrero de 2021

Solo sé que no sé nada

Sólo sé que no sé nada. La célebre frase de Sócrates refleja muy bien el sentimiento que compartimos desde hace meses. Ya no hay quién sepa nada. Nos estamos acostumbrando a vivir en la incertidumbre.

La incertidumbre deja en vilo demasiadas cosas. Cosas que quedan suspendidas, condicionadas y sobre las que uno se pregunta si de verdad llegarán algún día a suceder.

Logramos dar carpetazo al fatídico 2020 y nos quitamos un peso de encima. Ahora avanzamos tímidos por un nuevo año que nos da miedo reconocer que no pinta mucho mejor que el anterior.

Ha llegado la vacuna pero nadie sabe cuándo nos vacunarán. La esperábamos como agua de mayo. Ya sabíamos que no iba a ser una cosa fácil, pero tampoco imaginábamos que fuera tan difícil. No sabemos si hay vacunas suficientes. No sabemos su orden de prioridad ni cuántas excepciones caben. Tenemos sensación de caos y nadie sabe si la culpa es de los gobiernos, de las farmacéuticas, de los árabes, de la Unión Europea o del cambio climático. 

Nadie sabe nada. Nada de nada. La incertidumbre nos invade. Si te para un policía es imposible intuir la razón. ¿Te has saltado el toque de queda? ¿Has entrado o has salido de una zona confinada? ¿O quizá es que llevas mal puesta la mascarilla? Si al final la causa es que te has saltado un semáfo, respiras aliviado.

Cada día te enfrentas a un sinfín de preguntas y la respuesta es siempre la misma. No se sabe. 

No se sabe si nos confinarán de nuevo. No se sabe cuándo podremos viajar. No se sabe si vendrán nuevas cepas y serán aún peores.  No sé sabe si lo que unos dicen es verdad o si lo que otros dicen es mentira.

Nadie sabe si es un virus creado en un laboratorio, si es una guerra de China contra Occidente o si acaso todo fue culpa de un Twitter de Trump. No se sabe si el chino se comió al murciélago o si el murciélago se comió al chino. 

No se sabe si algún día recuperaremos la normalidad o si lo que era normal ya siempre será anormal. No sabemos si dejaremos de mirarnos entre nosotros con cara de sospechosos, si podremos algún día toser y estornudar con libertad, si volveremos a ir pegaditos en el autobus, si volveremos a bailar rodeados de multitudes, si volveremos a pintarnos los labios, si nos atreveremos a arrastrar confiados nuestras manos por las barandillas, si nos apretujaremos en un ascensor, si nos besaremos y abrazaremos sin escrúpulos, si compartiremos de nuevo raciones, si volveremos a pegar codazos para conseguir un hueco en la barra del bar.

Nadie sabe lo que será. Quizá es el momento de valorar más lo que tenemos, lo cercano, la rutina, lo más cotidiano. Quizá incluso nos toca valorar el aburrimiento, que tan denostado está y que sin embargo muchos de los que lo han perdido lo están deseando recuperar.

Feliz semana!!