Ayer fui a tomar un café a un bar muy moderno. Me atendió el que yo creía era el camarero, pero que resultó ser un barista, ni idea qué era eso, ya me he enterado.
El barista me hizo mil preguntas sobre cómo quería mi café. Ya no sólo sobre la leche, que estoy mas acostumbrada: sin lactosa, de avena, de almendra, de soja, de cabra... sino sobre el tipo de café. Tuve que elegir el país de origen, la intensidad, el aroma, el nivel de trituración del grano y no sé cuantas más características más. Tuve una paciencia extraordinaria y media hora después por fin tenía mi café con leche. Ah, pero no. No se trataba de tomarse un café sino de disfrutar de una experiencia aromática y gustativa, por la que, por cierto, me cobraron 7 euros.
Y es que ahora ya no se trata de consumir bienes o servicios sino "experiencias".
No vamos a cenar, vivimos una experiencia gastronómica. No dormimos en un hotel, disfrutamos de una experiencia de alojamiento. No hacemos un viaje, nos sumergimos en una experiencia inmersiva. Ni siquiera compramos simplemente el pan, vivimos una experiencia artesanal.
La experiencia se ha convertido en la nueva unidad de medida de la felicidad.
Los restaurantes prometen experiencias, los conciertos son inmersivos, los viajes, transformadores y hasta los supermercados quieren que “vivamos” la compra.
Y por supuesto, la experiencia tiene que ser memorable y debe ser documentada.
Porque vivir ya no consiste tanto en vivir como en contar que hemos vivido.
Hay gente que ya no va a un sitio, va a fotografiarse en él. No mira el paisaje, comprueba cómo queda en la pantalla. No disfuta la puesta de sol, busca el ángulo desde el que la puesta de sol parezca más puesta de sol.
Me pregunto si de tanto documentar nuestra vida no nos estaremos olvidando de vivirla. Si no importará mas el recuerdo que el momento.
Quizá de tanto coleccionar nuevas experiencias, hay una que se nos está escapando, la nuestra. La que no tiene nombre comercial. La que no cabe en una story de Instagram.
La de levantarse un martes sin que pase nada especial. La de una conversación larga en la cocina. La de comerse unas pipas en un banco. La de reírse tanto con alguien que después nadie recuerda exactamente de qué se reía. La vida tal cual es. Sin cobertura. Sin una pantalla de por medio.
Calderón decía que la vida es sueño. Nosotros hemos conseguido algo bastante más raro:convertirla en contenido.
Y de tanto empeñarnos en no perdernos ninguna experiencia corremos el riesgo de perdernos la única que de verdad importa. La vida en directo.
Feliz semana!!

Es buenísima la reflexión y tan certera!! Me encanta
ResponderEliminarMuchas gracias 😍
EliminarMaravillosa reflexión Mary. Cada vez me gustan las cosas sencillas, restaurantes, cafés, cañas, playas menos de moda, huir de lo que está de moda. Será la edad o que me estoy volviendo un poco zulú.
ResponderEliminarJaja... es la sensatez
EliminarMaría es una reflexión certera y verdadera! Y tan divertida. Gracias!
ResponderEliminar😍😍
EliminarCuánta razón tienes María! Pero suerte de alguna que otra foto de momentos para el recuerdo porque ya veo yo que la memoria no voy a mantenerla intacta de por vida y seguro que en el futuro veremos fotos y se nos escapará una sonrisa aunque a alguno no sepamos ya ponerle ni el nombre!
ResponderEliminarTotalmente cierto también.
EliminarSi, la gente se olvida de vivir la vida y expone la suya al patio de vecinas que son las RRSS… es una perza descomunal
ResponderEliminar🤪🤪🤪
EliminarLa vida es eso que pasa mientras nosotros planificamos o nos lamentamos
ResponderEliminarAsi es
EliminarBueno, me encantó xq yo necesito entrar en un bar pedir un cortado, un mas leche, un café con leche sin que sea un largo macchiato o incluso un café solo sin q sea expreso que sea solo, en tu vaso, larguito ainssss esos bares de antes! En madrid no me entienden!
ResponderEliminarMaría!! Bravo!! Buenísimo tu relato y tu reflexión. Creo que nos están intentando complicar cosas sencillas por un afán "marketiniano". Yo sigo tomando mi Nescafé con leche de toda la vida y ahora mismo estoy con el segundo del día disfrutando leyéndote en mi terraza. El momento más estupendo de la mañana. Buen finde! Cristina
ResponderEliminarMe encanta, María!
ResponderEliminarMuy reflexiva, como siempre.
Impresionante reflexión! El simple hecho de ser consciente de todo eso ya es un paso de gigantes. Quieren que vivamos en un parque temático , cuando ser anónimo y disfrutar precisamente del aqui y ahora sin necesidad de hacerlo público es el verdadero lujo. Cosas sencillas.....
ResponderEliminarBRAVO!
ResponderEliminarTe lo digo poco, Maria. Me encanta como escribes... y eso que ultimamente he estado super perezosa... he vuelto al teléfono otra vez y me he encontrado con este episodio tan interesante y ocurrente. Una vez más te doy las gracias!!!
ResponderEliminarQue bueno y que cierto!!! Se nos esa pasando la vida pendientes de estupideces que nos distraen y no nos hacen darnos cuenta de que cada minuto es un regalo. Como me gustan tus reflexiones!!!
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