Tengo muchas ganas de conocer a Todo el mundo. Llevo años oyendo hablar de él. Durante muchos años pensé que todo el mundo era una expresión coloquial, una forma de hablar, un recurso lingüístico para generalizar. Pero, últimamente, empiezo a sospechar que Todo el mundo tiene personalidad propia e independiente Y debe ser, por cierto, una persona fascinante, con una capacidad de trabajo y una energía fuera de lo común. Porque Todo el mundo hace de todo. Según mis hijos, Todo el mundo sale hasta las tantas sin hora de llegada y tiene el último modelo de iPhone. Cuando hablo con algunas amigas, me entero de que Todo el mundo se pone bótox y toma magnesio, colágeno y Omega 3. Todo el mundo también hace ayuno intermitente, sigue una dieta sin gluten ni azúcar y tiene entrenador personal. Por supuesto, Todo el mundo ha ido a un concierto de Bad Bunny, ha visitado Japón, corre maratones y utiliza la IA. El otro día, un amigo que es muy jefe me dijo que Todo el Mundo concilia demasiado, ...
Podría escribir páginas y páginas sobre la visita del Papa, un acontecimiento único que he tenido el privilegio de vivir intensamente. Pero hoy quiero escribir sobre una de las mayores pruebas de fe de la que hemos sido testigos estos días: el lanzamiento de bebés al Papa. Qué mayor prueba hay, no ya sólo de fe, sino de confianza en el prójimo, que confiar tu bebé a una cadena humana formada por desconocidos. Sin embargo, cientos de madres han practicado cada día el lanzamiento de bebés olvidando por un instante el más mínimo sentido de la prudencia y hasta el más básico instinto de conservación de las crías que todo mamífero tiene por naturaleza. Un bebé que hacía cinco minutos no podía alejarse más de un metro de su sillita de pronto comenzaba una aventura épica por encima de una multitud de miles de personas. “¿Es suyo? No. ¿Lo conoce?. Tampoco. ¿Y por qué se lo entrega? Porque va hacia el Papa” Y allí que iba el niño en volandas pasando de unas manos a otras. Los niños más afo...