Avanzamos hacia una sociedad cada vez mas polarizada. Asistimos a una creciente polarización política e ideológica que, poco a poco y sin darnos cuenta, va calando también en lo cotidiano. Hoy parece casi obligatorio situarse en el blanco o en el negro, decantarse por el sí rotundo o por el no categórico. Los extremos se imponen. No se admiten las medias tintas, ni siquiera los matices. Los que matizan parecen tibios. Los que lo tienen todo claro hablan alto y brillan mucho, y los demás a su lado resultan grises. Me pregunto a veces si la zona gris no estará infravalorada. Pero habitar la zona gris no siempre significa esconderse bajo el paraguas de un cómodo relativismo. El gris no siempre es indiferencia. El gris también es mezcla, es entender que la vida no siempre se deja encerrar en una casilla binaria. Porque no siempre las cosas son blancas o negras. No todos somos héroes o villanos. No todo es éxito o fracaso. En la zona gris viven los matices. El g...
Había una vez un país pequeño bordeado por el mar Mediterráneo donde el sol era costumbre. Un país donde las sábanas se secaban en la azotea, los niños comían helados todo el año, las camisas eran siempre de manga corta y la gente se reunía en la calle. Pero un año, sin previo aviso, empezó a llover. Al principio era una lluvia tímida, que fue bienvenida. La gente estrenaba paraguas, los niños chapoteaban en los charcos, y los campos lo agradecían. Luego la lluvia se volvió insistente. Día tras día. Noche tras noche. Una cortina espesa que no se retiraba nunca. Los ríos comenzaron a desbordarse y las calles se inundaron. El cielo era una sábana gris que nadie sabía cómo tender. La gente empezó a marchitarse. Caminaban encorvados, con los hombros húmedos y el ánimo hecho barro. Nadie quería salir a la calle. Fue entonces cuando un hombre acudió al hospital preocupado por unas grietas en su piel. El dermatólogo le recetó una pomada. Poco a poco los casos se multiplicaron. Cada vez acudía...