Érase una vez un pavo en un corral. Pero no era un pavo cualquiera. Era el rey del corral. Nadie recordaba cuándo había empezado a serlo. Llevaba tantos años comportándose como si hubiera nacido con la corona puesta que nadie se atrevía a discutirlo. El pavo caminaba despacio, altivo, con el pecho hacia fuera, la cabeza alta y la cola desplegada como si de un abanico imperial se tratara. A su alrededor siempre había gallinas que lo seguían a todas partes, cacareando sus virtudes. Y de tanto cacarearle, el pavo se lo creyó y tomó el mando del corral. Paseaba y paseaba presumiendo de su condición. Sus plumas brillaban al sol y cuando se pavoneaba por el corral todos los animales quedaban deslumbrados. Daba órdenes a diestro y siniestro y todos obedecían. Cada mañana, el pavo buscaba un charco donde contemplarse. Se acercaba, estiraba el cuello y observaba su reflejo. Pero un día el charco le pareció pequeño. Y buscó uno más grande, y después otro, y otro. También empezó a comer cada vez ...
Hay objetos que tienen la extraña vocación de desaparecer. Me paso la vida buscando mis gafas.Tengo gafas por toda la casa. En la mesilla, en el baño, en la cocina, en el bolso, encima de un libro, al lado del ordenador. Podría montar una óptica. Sin embargo, cuando necesito unas, desaparecen todas. Lo peor es buscar las gafas sin gafas. Recorres la casa achinando los ojos, miras debajo de los cojines, encima de la mesa, abriendo cajones en los que sabes que no estarán las gafas. Y, de repente, te das cuenta de que las llevas puestas. Las gafas tienen un sentido del humor peculiar. Pueden pasar horas visibles y volverse invisibles en el mismo instante en que las necesitas. Después está la llave del coche. Nunca se pierde cuando estás tranquilamente en el sofá. Ahora bien, basta que estés con el abrigo puesto y a punto de salir para que desaparezca. Entonces empieza la búsqueda y terminas quedándote en casa. Pero hay un objeto que se lleva la palma y es la cartera de mi marido. La carte...