La gente dice mucho últimamente eso de que algo "ha llegado para quedarse". Se dijo mucho con el covid: "el covid ha llegado para quedarse". Lo mismo con el teletrabajo, o con la inteligencia artificial. Pues sí. Hay cosas que aparecen en nuestra vida de repente, con apariencia de pasajeras, y que, sin embargo, llegan para quedarse. Pero también hay otras que, aunque parezca que van a durar siempre, un día se nos escapan. Como la juventud, que llega sin pedir permiso, se instala atrevida, y un buen día, sin previo aviso, se va. O el amor, que cuando llega pensamos que durará eternamente, pero que a menudo desaparece. Hay cosas que permanecen para siempre. Hay otras que van y vienen. Hay cosas que se van sin que podamos hacer nada por evitarlo. Hay otras que desaparecen porque dejamos de cuidarlas o renunciamos a ellas. Y hay cosas que no deberíamos permitirnos perder jamás. En el panorama actual, me llama la atención la cantidad de cosas que se les han escapado de...
Érase una vez un pavo en un corral. Pero no era un pavo cualquiera. Era el rey del corral. Nadie recordaba cuándo había empezado a serlo. Llevaba tantos años comportándose como si hubiera nacido con la corona puesta que nadie se atrevía a discutirlo. El pavo caminaba despacio, altivo, con el pecho hacia fuera, la cabeza alta y la cola desplegada como si de un abanico imperial se tratara. A su alrededor siempre había gallinas que lo seguían a todas partes, cacareando sus virtudes. Y de tanto cacarearle, el pavo se lo creyó y tomó el mando del corral. Paseaba y paseaba presumiendo de su condición. Sus plumas brillaban al sol y cuando se pavoneaba por el corral todos los animales quedaban deslumbrados. Daba órdenes a diestro y siniestro y todos obedecían. Cada mañana, el pavo buscaba un charco donde contemplarse. Se acercaba, estiraba el cuello y observaba su reflejo. Pero un día el charco le pareció pequeño. Y buscó uno más grande, y después otro, y otro. También empezó a comer cada vez ...