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Entradas

El hombre que jugaba con el mundo

Érase una vez un hombre que lo tenía todo. Riqueza, poder, éxitos, aplausos, portadas, palacios. Había construido empresas, imperios y torres. Incluso había construido una versión de sí mismo que le gustaba más que la real. En su juventud, hizo cosas buenas, cosas importantes, tomó decisiones valientes. Pero con los años empezó a gustarle más el sonido de los aplausos que el de la verdad. Y se rodeó de aduladores, personas que asentían a todo lo que él decía, que reían sus chistes sin gracia y aplaudían sus locuras y caprichos por muy descabellados que fueran. Nadie nunca le llevaba la contraria. Nadie le decía nunca que no. Nadie le decía “eso es mala idea". Y como ya lo había probado todo, empezó a aburrirse. -Necesito algo más grande- dijo una mañana. Y como todo lo que decía se cumplía al instante, le trajeron una bola del mundo gigante, brillante,con países, océanos y continentes pintados con colores vivos. Y la colocaron en el centro de  su salón. Cada mañana, al despertar, ...
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Nombres propios e impropios

Hay nombres que se ponen de moda. Si sucumbes a la moda, cuando vas al parque y llamas a tu hijo, aparecen cinco más. Leonor y Sofía, por ejemplo, están viviendo ahora su momento de gloria, como antes lo tuvieron, supongo, Elena, Cristina o Felipe.  Hay nombres que son como las hombreras: vuelven cuando menos te lo esperas. Me refiero a nombres como Valentina, Casilda, Matilde o Lola. Hubo un tiempo en que desaparecieron, pero hace unos años volvieron. Y otros que tuvieron su época de esplendor pero que han caído en desuso para siempre, como Gertrudis,  Eustaquio, Pascuala, Segismundo o Apolonio. Hace años que casi nadie se llama  así.  Algunos nombres son aspiracionales, se ponen porque evocan a alguien. Una vez, en una playa de Huelva, una madre llamó a todo pulmón a su hija para que saliera del agua :  “¡GRA-CE-KE-LI!”. Lo peor es que el hermano se llamaba Kevin Costner de Jesús, pronunciado al más puro estilo onubense. Menuda pareja. Encarnaban lo más granad...

La emancipación de las tripas

Esta Navidad he sido testigo de un fenómeno físico sin explicación científica. El 1 de enero de madrugada la tripa de mi marido empezó a agitarse de una manera muy extraña.  La cosa poco a poco fue a más. Aquello parecía el centrifugado de una lavadora. Y de repente, chas, un enorme  crujido y la tripa saltó al suelo. Algo parecido a lo que les pasaba a los gremlins cuando les daban de comer después de medianoche. El día 2 la tripa tenía vida y personalidad propia. Se sentó a la mesa y comió como uno más. Pidió más salsa y mojó el pan. De postre, se atiborró a polvorones. A media tarde paseaba por el salón, oronda, orgullosa, rebotando contra los muebles. -¿De quién es esta tripa?- preguntó alguien. Silencio general. Las tripas, como los regalos horribles en el amigo invisible, no tienen dueño. El día 3 decidió salir a la calle. La seguí. Y cuál fue mi sorpresa al comprobar que había tripas por todas partes. Tripas con gorro y bufanda.Tripas navideñas conviviendo con tripas ve...

Feliz 2026!!

Mis mejores deseos para el nuevo año. Para enero. Un mes largo. Mes de resaca. De purgar excesos. El mes de la cuesta, de  la voluntad forzada, de la puesta a cero. El mes de los buenos propósitos. El mes en que todo aún parece posible. Para febrero. El mes fugaz. El mes que vuela rápido, que escapa travieso. Un paso adelante después de tanto comienzo. Para marzo. Mes tranquilo, de tránsito. Mes de ramos y pasos de Semana Santa . El mes en que algunos buenos propósitos ya empiezan a flaquear. Para abril. Mes del  despertar de la luz, de feria y palmas. Mes de planificar. Mes en el que empiezas a pensar en la operación bikini. Para mayo. Mes de las flores. Mes de  quitarse el sayo. Mes primaveral y luminoso. Para junio. Mes frontera. Mes bisagra. Ecuador del año. Mes de inicio del verano,  de dias largos, de sueños. Para julio. El mes de la impaciencia. El mes en en el sueñas con las vacaciones. El mes en en el que más cuesta trabajar. El mes en que pospones al año qu...

¡Feliz Navidad!

Me sorprende que la gente felicite cada vez más "las fiestas" en lugar de la Navidad. Resulta que en estos tiempos modernos, como diría mi abuela, la gente te desea feliz Halloween, feliz Thanksgiving, aunque no sepamos muy bien qué se agradece ni a quién, o hasta feliz Ramadán, pero cuando llegan estas fechas navideñas...  hala, felices fiestas. Así, en genérico, no vaya ser que alguien se sienta excluido. Vaya por delante algo importante: cualquier deseo de felicidad al prójimo es bienvenido. Que no se me malinterprete. Ahora bien, a veces tengo la sensación de que existe un empeño excesivo en matizar, suavizar o politizar determinadas creencias. Como si nombrarlas resultara incómodo. Por curiosidad, he buscado el origen de esta nueva forma de felicitar la Navidad. Hay varias explicaciones, pero una parece tener mas peso: la secularización de las fiestas y la búsqueda de un saludo neutral. ¿Secularización de las fiestas? ¿Nos estamos volviendo locos? La Navidad es una ...

Inflar la lengua

La semana pasada, mientras paseaba al perro por el parque, escuché la conversación de dos madres jóvenes. Comentaban orgullosas lo bien que "interactuaban" sus hijos en los columpios. Miré a los niños y me pareció que más que interactuar simplemente jugaban, como todos los niños lo han hecho toda la vida. Ingenua de mi, pensaba que la tendencia a "hablar raro" que ahora tiene mucha gente era algo exclusivo del ámbito empresarial. Pero parece que no. Parece que poco a poco está invadiendo otros ámbitos y cada vez hay más gente que habla raro. En las empresas todo es holístico, disruptivo, sistémico y sinérgico. La gente habla de plataformas, ecosistemas, resiliencia, palancas, flujos y narrativas. Y una de cada 3 palabras es un anglicismo: insights, KPIs, performance, benchmark, mindset ... La lista es interminable. Hablamos así y nadie se asombra, y aparentemente, todo el mundo sabe de lo que habla.  En las empresas nos hemos vuelto muy modernos, muy absurdos o mu...

Inventario de objetos absurdos

Hay objetos en mi casa que no sirven para nada, pero que me encanta acumular. Tengo, por ejemplo, una tendencia irrefrenable a acumular bolsas de tela. Las suelo usar para guardar zapatos en la maleta. Tengo más de cien. Tengo muchas mas bolsas que zapatos. Las más de cien bolsas ocupan dos cajas en mi armario.  Podría tirar al menos la mitad, pero lo cierto es que no soy capaz de hacerlo. Como mucho,  bajo unas cuantas al coche para cuando vaya a hacer la compra. Y cuando voy a hacer la compra, nunca las uso porque se me olvidan. En este mismo orden de cosas, guardo bolsas de papel ( sólo las buenas) y bolsas de plástico ( cada vez menos desde que se han convertido en objeto diabólico no vaya a ser que acaben en la tripa de una ballena en extinción). También tengo varias cajas llenas de cables. En plena época del Bluetooth, de la conexión inalámbrica y hasta de la telepatía digital, no acierto a encontrar la razón de guardarlos. Pero tengo la esperanza de que un día algo impo...

Vivir entre paréntesis

Julio Cortázar hablaba de los días entre paréntesis. Días que no pertenecen a ningún tiempo, que se abren como un paréntesis en medio de la frase incesante que es la vida. Los días entre paréntesis no son días de acción, tampoco de espera. Son días  de suspensión. De estar al borde de algo.  Son intervalos de quietud, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo. Cuando ya ha pasado lo que tenía que pasar y todavía no ha llegado lo que vendrá. Vivir entre paréntesis es vivir suspendido entre dos certezas. Es cuando una puerta se ha cerrado y otra aún no se ha abierto. Cuando el ruido exterior se apaga y queda sólo el murmullo interior, ese leve presentimiento de que algo, en silencio, va a llegar. Es un estado provisional, pero podría ser eterno. En los días entre paréntesis a menudo ocurre lo esencial: el pensamiento, la conciencia,  hasta la revelación. Quizá es en los paréntesis donde se forma lo que seremos, los pliegues invisibles en los que la vida, sin ruido, se aco...

A mi plin

Los investigadores alertan de que el abuso de la IA en la elaboración de textos empieza ya a notarse en el tono artificialmente correcto de muchos discursos: frases cortas, impecables, directas, pero sin emoción. Es decir, estamos empezando a escribir y hablar como robots. Me niego a hablar como un robot, así que he decidido empezar a rescatar palabras en desuso, que me encantan. Algunas son auténticas antiguallas y por eso me gustan, porque un algoritmo nunca las utilizaría. Una de mis favoritas es patatús . Que te de un patatús no tiene nada que ver con desmayarse, mucho más vulgar sin duda. De la misma manera prefiero " pasármelo pipa " antes que “vivir una experiencia extraordinaria". También estoy rescatando algunos adjetivos con personalidad propia de los que ya nadie se acuerda, como pizpireta , tragaldabas o jacarandosa . Y encuentro mucho más divertido insultar con palabras como mequetrefe , papanatas o pelagatos que hacerlo con el manido y malsonante gil...

Soledad invisible

Leo hoy que un hombre ha aparecido muerto en su casa. Llevaba 15 años muerto. Quince años. Quince cumpleaños. Quince Navidades. Quince veranos. Y nadie lo echó de menos.  Tenía una ex mujer y dos hijos. Supongo que también vecinos y algún que otro amigo. Pero nadie llamó a su puerta. Nadie preguntó. Nadie dijo: “Hace mucho que no sé de él”. Nadie se preocupó lo suficiente como para investigar dónde podía estar. ¿Se puede desaparecer así del mundo sin que nadie lo note? Pienso en los hijos. Quince años dan para muchas cosas: bodas, divorcios, mudanzas, enfermedades, nacimientos, pérdidas… ¿En todos esos años nunca sintieron ganas de llamar a su padre? Me asusta que alguien pueda estar tan solo. Y me asusta pensar cuántas personas vivirán así,  vivas, pero invisibles. Rodeadas de gente, pero olvidadas. Con cientos de contactos en el móvil, pero sin nadie que les llame para interesarse por ellos. En la era de la hiperconexión parece que la conexión real flaquea. Alguien muere y n...