sábado, 9 de octubre de 2021

Profesiones del futuro

 Cuando tenía 15 años me encantaba la profesión de “bróker”. Por aquellos entonces, yo no tenía ni idea lo que era la Bolsa y menos lo que era un bróker, pera sólo el término y la imagen estereotipada que de la profesión tenía en mi cabeza me hacían sentirme atraída. En el último año de colegio escogí una asignatura que se llamaba “Comercio” y ahí es cuando descubrí realmente lo que hacían los brókers y ya no me gustó tanto.  

Mi siguiente profesión favorita era la de actriz pero no acababa de “atreverme” a estudiar Arte Dramático, quién sabe por qué motivo ( he sentido siempre no haberlo hecho). Al final, me decanté por estudiar Derecho, mucho más aburrido pero más seguro. A pesar de que no me quejo del devenir de mi vida profesional, creo, sin embargo, que si alguien ahora me pidiese consejo le aconsejaría “atreverse”.

Las cosas desde entonces ha cambiado mucho. Leo algunas de las profesiones del futuro y me quedo impactada. Una de ellas es Facilitador del teletrabajo, profesión que me hace pensar que a esto del teletrabajo le queda aún mucho recorrido.  Otra es Consejero de compromiso con la salud, que imagino que, entre otras cosas, velará para que todos los empleados coman más quinoa que chorizo,  hagan todos mucho deporte y practiquen mindfullnes.

También se habla de Arquitectos de inundaciones, supongo que con esto del cambio climático se prevén muchas porque si no, no le veo tanto futuro, y de Auditores del sesgo de los algoritmos. Esta última profesión me ha dejado muerta. No entiendo nada. Llevo un buen rato dando vueltas a qué harán estos futuros auditores y no acabo de comprenderlo.

Pero sin duda la mejor profesión del futuro es la de ….. Pronosticador de cibercalamidades. Ésta sí que me encanta. Los que se dediquen a esto se lo van a pasar pipa, aunque no creo que peguen ojo sinceramente. Todo el día tratando de pronosticar no ya ataques cibernéticos a gran escala, sino auténticas calamidades, que es un grado más.  Imagino que les pagarán muy bien, dado el nivel de estrés asociado. Voy a ver si investigo qué hay que estudiar para ser eso, para ir aconsejando a mis hijos.

Aunque quizá lo realmente interesante, y lo digo bajito para que nadie me oiga, es ser cibercriminal. Redes zombies, virus troyanos, dark web, hackers…  Ser cibercriminal suena apasionante.  Deben ser todos (y todas, que no digo yo que esto sea cosa de chicos!) listísimos aunque un poco frikis creo yo. De primeras, me imagino a los cibercriminales muy jóvenes, en un sótano oscuro de alguna ciudad asiática, rodeados de pantallas y comiendo hamburguesas grasientas en sus mesas. Pero seguro que la cosa es mucho más sofisticada. Los empiezo a imaginar instalados en lujosos áticos neoyorkinos con inmensas pantallas, grandes ventanales y espectaculares vistas, celebrando con champán cada ataque sideral.  A medida que me lo voy imaginando me va apeteciendo más ser cibercriminal. No tengo claro si daré el perfil, me temo que no, ni tan siquiera creo que encaje por edad, y menos aún por conocimiento, pero acabo de descubrir en mí un sorprendente deseo de cruzarme al lado oscuro.

Feliz semana!

domingo, 3 de octubre de 2021

¿Hay sitio para los confortables?

 

A lo largo de la vida nos toca salir muchas veces de la famosa "zona de confort". Hacerlo requiere a menudo, o más bien casi siempre, una dosis importante de trabajo, esfuerzo e incluso valentía.

En la zona de confort se está muy bien, para qué vamos a engañarnos, de lo contrario no se llamaría así. No salir nunca de tu zona de confort equivale a pasarse la vida tirado en el sofá viendo la tele. Se está muy a gusto. No te exige esfuerzo. Pero si lo repites tarde tras tarde imagino que tienes una cierta sensación de perder el tiempo. 

Con la zona de confort pasa un poco lo mismo y más en el contexto social que vivimos en el que hay que estar compitiendo siempre, superándose constantemente y aspirando a cumplir tus sueños, por muy ambiciosos que sean. 

Me pregunto si hay sitio para los confortables. ¿O acaso los confortables son realmente "conformables"?

¿La zona de confort equivale realmente al estancamiento vital?  ¿Hace falta aspirar siempre a algo más, abrirse a nuevos horizontes, arriesgarse?

¿Es más fácil encontrar la felicidad en la mullida zona de confort o acaso te espera una vez atravesado el  desierto, surcado anchos mares o escalado altas montañas (metafóricamente hablando me refiero)? ¿es tan placentera como dicen la sensación de haber cumplido un reto?

¿Se equivocan  los que apuestan por el sofá menospreciando todo lo que les espera fuera? ¿O más bien los equivocados son los aventureros que desprecian la tranquilidad del sofá?

¿Y qué ocurre con los que se quedan por camino, los que dejaron el sofá y no lograron llegar a su destino?  ¿Mereció la pena "desconfortarse"? 

Me pregunto, por ejemplo, si acierta o se equivoca el que después de haber estudiado dos carreras y aprendido cinco idiomas decide quedarse en su pueblo cultivando su huerto. O quizá precisamente haber tomado esa decisión es su forma de salir del tipo de confort al que parecía predestinado.

Mi amiga Ana, que es muy sabia, dice que el confort  es un concepto moderno. Que levantarse y hacer las cosas como Dios manda sin hacer daño a nadie es suficiente trabajo y a veces muy poco confortable. Quizá tiene razón.

En este domingo lluvioso mi cabeza reflexiona sobre el tema. Mientras, miro a mis hijos ensimismados con la play y me pregunto si esta generación tendrá algún día la capacidad de levantarse del sofá y despegarse de la pantalla.  Y eso si que me preocupa más!

Feliz semana!!

domingo, 19 de septiembre de 2021

Baile de sílabas

Siempre me ha hecho gracia la gente con  tendencia a la "dislexia gramatical". A veces hacen combinaciones de silabas muy  divertidas. El plato favorito de mi hermana, cuando era pequeña, era "pepito en peripolla". Nos entraba la risa floja cada vez que lo decía y esperábamos impacientes a ver qué plato le hacía mi madre. En realidad,  lo que le encantaba era el pollo en pepitoria.

Un amigo hace unos días me dijo muy serio que lo de trabajar los fines de semana eran "gafes del oficio".  Me quedé atónita.

Otra amiga me reconoció muy seria que "la profesión va por dentro".  Hay casos en los que sin duda va por dentro, tanto que te cuesta creer que algunos supuestos profesionales de verdad tengan el título. Imagino que mi amiga se refería a la procesión.

A mi amiga Isabel su suegro un día la encontró muy "esterilizada". No sabemos bien si fue por los kilos adelgazados, porque ese dia se frotó mucho en la ducha, o porque tenía pinta de haberse hecho algo raro...

Una amiga de mi madre presume siempre de que su casa es "osmótica". Debe ser algo así como las catacumbas, toda llena de huesos. Otra dice que los drogadictos se mueren todos de "dobledosis" y no va desencaminada, no. 

Mucha gente  dice "a voz de pronto", "interperie" o "tregiversar".  Y se quedan tan panchos. Son errores muy frecuentes.

Pero lo más divertido es la manera en la que la "vida moderna" se ha incorporado en el lenguaje de nuestros mayores. 

El padre de una amiga está maravillado con lo bien que funciona "Amancio". "Pida lo que  pidas lo tienes en casa en dos días" dice encantado. Pero el buen señor no se refiere a Zara y Amancio Ortega, que va, lo que a él le gusta es Amazon!! . A la madre de otra le encanta ir a "Eloy Martín" ( Leroy Merlin) y mi madre ve las series en "selfis" en vez de en Netflix.

Recuerdo que mi abuela nunca quería llevarnos al "burriquín", que era el Burguer King. El Eurobuiding fue durante mucho tiempo el "Eurogüilding", hay quien pide un "Cabifive", y quien prefiere los libros al "Kinder".

Aunque debo reconocer que últimamente ando con mucho  cuidado con lo que digo. La gente cada vez utiliza vocablos más raros, (en inglés la mayoría, claro, supongo que suena más cool, más "techy"). Dan además  por hecho que todo el mundo les entiende. Temo utilizar un día alguno de ellos para hacerme la moderna, meter la pata y resultar una antigualla. Todo llegará. Al tiempo... 

Feliz semana!!


lunes, 30 de agosto de 2021

Yinyan

 

Estoy desolada. Este verano no he encontrado el yinyan. Mira que lo he buscado. Por aquí, por allá, pero nada. Ni rastro del yinyan.

He buscado el yinyan mientras miraba el mar y se me ha ido el santo al cielo.

Lo he buscado relajada en la tumbona y me he dormido.

Haciendo yoga y me he torcido el tobillo.

Con un tinto de verano, y han caído varios.

Con cuencos tibetanos y me he mareado.

En silencio, y lo han roto los de las palas.

Con los brazos extendidos y me ha dado torticolis.

Con respiraciones profundas y me he vuelto a dormir.

Lo he buscado con ahínco, que no se diga, pero nada. Mi yinyan no hay quien lo encuentre.  Anda perdido por la vida. Me pregunto si alguien lo habrá encontrado, el suyo, no el mío, claro. Si ha encontrado el mío, cosa rara, que por favor me lo devuelva.


A priori, parece que el verano es la época más propicia para encontrar tu yinyan. Desconectas, descansas, bajas el ritmo, piensas, reflexionas, te relajas .. y de repente, se supone que como por arte de magia, y cuando menos te lo esperas, surge el yinyan. Y entonces, sientes una enorme paz interior, una tranquilidad de espíritu, un sosiego. Das a las cosas su justa importancia, no te inquietas, no te aceleras, nada te altera, casi casi ni te inmutas.  Al menos eso dicen. ¿A alguien le ha pasado?  Por favor que me lo cuente y de paso, que me diga su secreto. También me encantaría saber si consiguen mantener intacto el yinyan en septiembre. Eso sí que tendría mérito.

Lo cierto es que el verdadero yinyan, insisto, el verdadero, y que cada uno lo llame como quiera, es muy difícil de conseguir y más en una época como la que vivimos marcada por la inmediatez, las prisas, las apariencias, las redes sociales, las autoexigencias, las multitareas y la tecnología. Evitar que el yin se coma al yan, o viceversa, es ardua tarea. Requiere una fuerza de voluntad a prueba de balas, y sobre todo, grandes dosis de paciencia y templanza, ingredientes que cada vez escasean más, me temo. Por supuesto, hay quien lo consigue y les envidio. Aunque a veces pienso si, en el fondo, el yinyan no estará sobrevalorado. 

En fin, supongo que como todo, será cuestión de seguir buscando, con optimismo y esperanza de algún día encontrarlo. En ello estamos.

Entre tanto, que cada yin aguante su yan.

Feliz “rentrée”!!

 

jueves, 26 de agosto de 2021

Viaje al Peloponeso

 

Hoy toca post viajero! Este verano hemos tenido la suerte de descubrir una región de Grecia mucho menos turística y conocida que sus islas, el Peloponeso.


El Peloponeso es una península al sur del país. Una región grande, con una superficie de más de 20.000 km², cargada de historia y que guarda auténticos tesoros: playas maravillosas, recintos arqueológicos sorprendentes, monasterios bizantinos o encantadores pueblos de pescadores.

En el Peloponeso hay muchas cosas que ver. Nosotros sólo hemos recorrido parte de la costa oriental y la península de Mani, en el extremo sur, lo cual nos da una  una estupenda excusa para volver.

El Peloponeso está unido con el resto del país a través del istmo de Corinto que es donde se encuentra el canal del mismo nombre, el canal de Corinto, una obra de ingeniería espectacular. El canal, que une el Golfo de Corinto con el Mar Egeo, impresiona. Es muy estrecho, apenas 24 metros y sus muros miden 80 metros. Se construyó en el siglo XIX aunque muchos siglos antes, con el Emperador romano Nerón, ya se había intentado construir, sin éxito. Merece la pena visitarlo.




Nuestra primera parada, desde Atenas, fue en la región de Argolida ( el Peloponeso se divide en 7 regiones), concretamente en Palaia Epidavros, un pueblo pequeñito muy agradable. Palaia Epidavros está en una zona verde, con playas muy bonitas.




 

Aquí visitamos el Teatro de  Epidauro, declarado Patrimonio de la Humanidad. Fue construido a finales del siglo IV a.C por Policleto el Joven y es uno de los mejores conservados de la antigüedad. Impresionante.  


Desde Palaia Epidavros también hicimos una ruta por  pueblos pesqueros como Ermioni o PortoHeli. La carretera que bordea la costa es preciosa y puedes ir buscando calitas en las que parar a darte un baño. Nosotros paramos en una estupenda con un beach club muy animado. También nos encantó Porto Heli, de aire cosmopolita, donde veranean algunos de los griegos más chic y tiene casa, entre otros, el Rey Constantino de Grecia.


Nuestro siguiente destino era la península de Mani, en el sur. De camino paramos en Mystras, una asombrosa ciudad bizantina en ruinas en la ladera del monte Taigeto, también declarada Patrimonio de la Unesco. Mystras es un sitio muy especial, que sin duda sorprende y en el que el tiempo parece haberse detenido. Merece la pena recorrer con calma su castillo, su palacio, sus monasterios y bonitas iglesias en ruinas, todo ello rodeado de un precioso paisaje verde.




Y por fin llegamos a Mani, uno de los mayores tesoros del Peloponeso, una región recóndita, árida, pero a la vez llena de atractivo.  En Mani abundan las torres medievales de defensa, el elemento más característico de su paisaje. En Mani huele a savia, a tomillo y sobre todo a higueras, que  atrevidas, bajan a besar el mar. Las aguas de Mani son color turquesa y solitarias. En sus playas te encuentras tabernas en las que puedes comer mientras tus pies rozan el mar. 



Nuestra base estaba en Limeni, un pequeñísimo pueblo de pescadores, una belleza.






Las puestas de sol desde Limeni son una auténtica maravilla.




En Mani hay muchas cosas  que ver. Pueblos cómo el pintoresco Aeropolis, con sus calles llenas de restaurantes con encanto. O pueblos cómo Mountanistika, Lagia o Vathia, famosos por sus torres.

En Mani estuvimos en playas preciosas como Skoutari, con su taberna blanca y azul y su preciosa iglesia a la orilla del mar; Ampelos, perfecta para bucear, por su agua cristalina, y en la que además puedes pedir comida por WhatsApp y te la traen,  o Kotronas, con su doble orilla y en la que un camino te conduce a una pequeña cala escondida perfecta para nadar y para saltar desde sus  rocas. La carretera que une estas playas, al borde del mar, es una maravilla.











Más al sur está el Cabo de Tenaro, que debe ser impresionante pero al que no llegamos.  No siempre es fácil mover a tres adolescentes!

También visitamos las cuevas de Diros. Semi sumergidas, se recorren en un barquita mientras  las estalactitas rozan las cabezas. Espectaculares.


Otro pueblo que merece la pena es Gythio, con sus fachada de estilo neoclasico, que hacen que te sientas por un momento transportado a Italia. Una estampa muy típica de Gythio son los pulpos  colgados de una cuerda secándose al sol. Genial.



Y ya de vuelta hacia Atenas, hacemos una última parada en Nauplia, dominada desde lo alto por sus fortalezas, una de ciudades con más encanto del Peloponeso.  Una delicia pasear por sus calles peatonales y admirar sus bellos edificios. Naplia fue capital del país entre 1829, fecha en que Grecia se independizó del imperio otomano, y 1834.



Y como guinda del pastel, Atenas. Habíamos visitado Atenas hacía 10 años y salvo la Acrópolis, poco recuerdo tenía de la ciudad. Sin embargo, esta vez me ha sorprendido muy gratamente.




Atenas es una ciudad animadísima, con una vida nocturna impresionante, con grupos de música tocando en las calles y con muchas cosas que ver además de la imponente Acrópolis. Merece la pena perderse por barrios como Monastikari, de influencia turca, Plaka, el más antiguo de la ciudad, Anafiótica, con sus callecitas, o Psiri, el "Soho griego", con ambientazo por la noche.



Y por último,debo decir que nos hemos sentido como en casa! Los griegos son muy similares a los españoles. Son abiertos, simpáticos, animados.. Comen y cenan a cualquier hora, son bulliciosos, todo les parece bien, les va la marcha...  Cuando oyes hablar griego te suena casi a español pero rápidamente te das cuenta que más bien  es como chino porque no entiendes nada!! Y la comida griega, como la nuestra, es deliciosa. Hemos comido genial y a precios fantásticos.  Mousaka, pasteles de calabacin,  Tzatziki, Tiropitas, queso feta, yogur con miel, pastel de naranja... Hemos disfrutado mucho comiendo!!!

En definitiva, ha sido un gran viaje en familia, venimos felices y ya estamos ya planeando nuestra próxima visita.

EFCHARISTÓ GRECIA!!!!!