sábado, 18 de enero de 2020

Colorín, Colorado

Mi hijo me preguntó un día si yo de pequeña era en blanco y negro. Me llamó mucho la atención.

Y yo me pregunto ... de qué color es la vida? De qué color somos cada uno de nosotros?

Está claro que la vida no siempre es de color rosa. Por mucho que uno se empeñe,  el rosa tiende a empalidecer. Es difícil mantener una vida color chicle, aunque imagino que habrá quien lo logre. Pero lo más frecuente es que la vida tienda poco a poco a un rosa menos estridente, más reposado, más gastado por el uso.

Y nosotros, de qué color somos?

Hay gente fucsia. Son brillantes, atrevidos, alegres, divertidos, llenos de energía, optimistas. Suelen desprender buen rollo. Te apetece estar con ellos. Te atraen.  Algunos de tan fucsia pueden resultar hasta empalagosos.

Aunque, ojo, a veces algunos fucsia engañan. Son los que sólo se centran en la fachada pero descuidan lo de detrás, que poco a poco va volviéndose gris..   Nadie intuiría que bajo algunas fachadas rosas se esconden interiores tan tristes.

Otros se pasan la vida disfrazados de grises.  Es triste ser gris. Aunque imagino que a menudo no se puede evitar.  Conozco a grises a los que les encantaría ser de cualquier otro color pero no saben cómo hacerlo. Otros ni siquiera se dan cuenta  de que lo son y  resultan, sin saberlo, aburridisimos, anodinos.


Hay gente que a la mínima se pone verde. Suele pasarle a los envidiosos, a los quisquillosos, a los que todo les parece mal. Cuando uno se vuelve verde es difícil cambiar de color.

Los hay también rojos ( obviando las connotaciones políticas que no vienen al caso). Suelen ser los que más se alteran, los impacientes, los enfadicas. También son rojos los vergonzosos, aunque lo que a ellos a menudo les gustaría es volverse transparentes. No saben sin embargo lo peligroso que es ser transparente, invisible. Porque lejos de ser un superpoder como algunos pensarían, es mas bien una tristeza terrible. A los invisibles nadie los ve, nadie se fija en ellos, nadie les presta atención.

También están los amarillos. En este caso, depende mucho de la tonalidad. Los amarillo pollo son los insulsos, los flojos, los que por todo se quejan, que todo les da pereza. Los amarillos fuerte suelen ser los rabiosos y esos rápidamente mudan al rojo.

Los azules suelen transmitir paz, serenidad. Son relajados, tranquilos, pausados. Muy cerca están los blancos, que se caracterizan por su gran bondad. Suelen tener una especie de halo, que los hace incofundibles. Siempre hay que buscar blancos a tu lado.

En el lado opuesto están los negros. Gente oscura, que no sabes por dónde va, que intuyes capaz de cualquier cosa, gente mala. Hay que huir siempre de ellos.

Los colores de las personas son mutables.. Hay quien se pasa la vida del mismo color. Pero también quien cambia, afortunadamente.

 También hay gente bicolor, o incluso de varios colores, gente arcoiris. Cualquier combinación de colores es posible. Algunas no hay quien las aguante.

Los colores no se heredan pero suelen contagiarse. Algunos destiñen e impregnan lo que tocan. Otros relucen tanto que deslumbran.

Saber de qué color es el que tienes a tu lado siempre es muy aconsejable. Incluso diría necesario. A veces, algunos colores engañan, como los trampantojos, parecen una cosa y en realidad son otra.

También hay quien cambia de color en función del entorno, cual camaleón.

De todo hay.  Da para una tesis. Con un poco de observación puedes descubrir de qué color es cada uno de los que te rodea. Más difícil es a veces descubrir tu propio color. .. Te atreves a adivinarlo?

Feliz semana!!