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Mostrando entradas de septiembre, 2026

De perdibles e imperdibles

Hay objetos que tienen la extraña vocación de desaparecer. Me paso la vida buscando mis gafas.Tengo gafas por toda la casa. En la mesilla, en el baño, en la cocina, en el bolso, encima de un libro, al lado del ordenador. Podría montar una óptica. Sin embargo, cuando necesito unas, desaparecen todas. Lo peor es buscar las gafas sin gafas. Recorres la casa achinando los ojos, miras debajo de los cojines, encima de la mesa, abriendo cajones en los que sabes que no estarán las gafas. Y, de repente, te das cuenta de que las llevas puestas. Las gafas tienen un sentido del humor peculiar. Pueden pasar horas visibles y volverse invisibles en el mismo instante en que las necesitas. Después está la llave del coche. Nunca se pierde cuando estás tranquilamente en el sofá. Ahora bien, basta que estés con el abrigo puesto y a punto de salir para que desaparezca. Entonces empieza la búsqueda y terminas quedándote en casa. Pero hay un objeto que se lleva la palma y es la cartera de mi marido. La carte...

La vida en directo

Ayer fui a tomar un café a un bar muy moderno. Me atendió el que yo creía era el camarero, pero que resultó ser un barista, ni idea qué era eso, ya me he enterado.  El barista me hizo mil preguntas sobre cómo quería mi café. Ya no sólo sobre la leche, que estoy más acostumbrada: sin lactosa, de avena, de almendra, de soja, de cabra... sino sobre el tipo de café. Tuve que elegir el país de origen, la intensidad, el aroma, el nivel de trituración del grano y no sé cuantas características más. Tuve una paciencia extraordinaria y media hora después por fin tenía mi café con leche.  Ah, pero no. No se trataba de tomarse un café sino de disfrutar de una experiencia aromática y gustativa, por la que, por cierto, me cobraron 7 euros. Y es que ahora ya no se trata de consumir bienes o servicios sino "experiencias". No vamos a cenar, vivimos una experiencia gastronómica. No dormimos en un hotel,  disfrutamos de una experiencia de alojamiento. No hacemos un viaje, nos sumergimos en ...

Adultas contemporáneas

Ser adulta contemporánea, como dice mi amiga Connie, resulta agotador.   Hoy en día, a las adultas contemporáneas se les presume  formación. Han estudiado una carrera, algunas dos; un máster, algunas un doctorado, y la mayoría sabe idiomas.  Pero nada es suficiente. Porque ahora a las adultas contemporáneas se les exige estar en continua formación. Así que la adulta contemporánea debe hacer nuevos cursos, escuchar podcasts, leer newsletters y preguntar a ChatGPT cosas que ni siquiera sabía que necesitaba saber. La adulta contemporánea debe demostrar que sigue siendo relevante y difícilmente sustituible por la inteligencia artificial. Debe demostrar que es ágil, flexible, creativa, que tiene criterio, sensibilidad, intuición, don de gentes, empatía y liderazgo. La adulta contemporánea también debe poner en valor su experiencia frente a los jóvenes y desplegar su perspectiva, templanza, conocimiento y memoria histórica. Las adultas contemporáneas suelen ser  madre...

Objetos perdidos

Ayer leí la noticia de un padre que se olvidó de su hijo en una gasolinera y no se dio cuenta hasta 140 kilómetros después. Me pregunto si al pobre niño lo llevarían a la sección de objetos perdidos de la gasolinera.   Los departamentos de objetos perdidos siempre me han llamado la atención. Estoy segura de que deben estar llenos de objetos inverosímiles.  Es fácil perder el paraguas, un sombrero, unas gafas, las llaves, la cartera o hasta la dentadura postiza, el que la lleve. Más difícil es perder un cortacesped o una bombona de butano, aunque parece que son cosas que, increíblemente, también se pierden. Lo peor es que, a medida que pasa la vida, vamos perdiendo cosas que luego cuesta mucho encontrar. Perdemos la memoria, la paciencia, la atención, la vergüenza, la capacidad de dormir de un tirón, la inocencia y a veces, hasta la cabeza o la cordura. Me imagino un enorme almacén de objetos perdidos a lo largo de la vida. Un lugar lleno de estanterías y grandes cajas. En...