lunes, 30 de enero de 2017

Mañana de recados en Aravaca


Ya he dicho en alguno de mis post que me encanta Madrid, sus calles y su bullicio. Sin embargo, vivo en Aravaca y debo reconocer que estamos muy a gusto. Es una zona que tiene mucho encanto y además, estás a cinco minutos del centro de Madrid ( de hecho, es distrito Moncloa). 

Me encantan las mañanas de recados en Aravaca pueblo ( aclaro lo de pueblo porque Aravaca tiene varias zonas).  Y por supuesto, tengo mis grandes clásicos de los que quiero hablar hoy. Todos ellos tienen un denominador común: su gente. Gente amable, algo que cada vez se estila menos.  A ellos les dedico este post, que espero os resulte de utilidad a los que vivís por la zona.

Mi lugar más frecuentado en Aravaca  es Los Moscas ( en masculino), que es la tienda de chuches del pueblo, regentada por el simpático Juanjo, siempre de buen humor, y que según mi hijo Gonzalo, es clavado a Gepeto, el padre de Pinocho. No hay fin de semana que no vayamos a Los Moscas para comprar chuches, cromos, o lo que se tercie.  Les encanta.


Otro gran clásico es por supuesto Calzados Nicolás, la tienda más famosa de Aravaca, en la que en épocas como verano o septiembre hasta hay cola en la puerta. Nicolás siempre está a tope, y no me extraña, primero por el buen “género” (que diría mi abuela) que venden y segundo porque todos los que te atienden, sin excepción, son encantadores. Mi favorito es David, un crack. En Nicolás compro los zapatos, las alpargatas, las zapatillas de estar en casa, los uniformes, los calcetines, los leotardos… También tienen tienda on line, por cierto.


El siguiente de la lista es Papelnova, la super papelería de Aravaca, donde me lo compraría absolutamente todo porque tienen cosas ideales: cuadernos, bolis, gomas, cosas para decorar la mesa, mochilas, estuches, tarjetones de todo tipo…   La tienda tiene dos plantas. Hay gente que sólo conoce la de abajo pero no hay que perderse la de arriba, donde tienen cajas ideales, marcos, álbumes de fotos… Todo precioso y muy especial. En Papelnova es  donde encargo los recordatorios para las Primeras Comuniones,  tienen mil opciones para elegir. Y, por supuesto, las chicas de Papelnova, Valle y Raquel, también son encantadoras. Da gusto.



Otro clásico es Flores Chony, la floristería de la Plaza de San Anacleto. Te atienden fenomenal, te hacen ramos y centros preciosos y si lo necesitas, te lo mandan a casa. Genial. Me encanta comprar Lilium, duran mucho y huelen fenomenal.


Justo al lado, también en la Plaza de San Anacleto, han abierto hace poco un nuevo restaurante, La Tirolina, donde cené el otro día y que recomiendo. Se come estupendo, está ideal decorado y hay muy buen ambiente.

Para carne y pescado, me encanta el supermercado Los Alonso. Su pescadería es estupenda y de nuevo, los pescaderos  son amabilísimos y muy profesionales, y en la carnicería siempre tienen ofertas muy buenas y carne muy rica. Y puedes comprar y que te lo lleven a casa, lo cual es comodísimo. O encargarlo directamente por teléfono si lo prefieres.

Y para dulces, otro clásico es la pastelería Everest, con unas palmeras de chocolate de morirte, entre otras muchas cosas. sin olvidar la estupenda heladería Livorno, y su delicioso helado de violetas.

Y no puedo dejar de mencionar al estupendo Roberto, de la peluquería Moda Unión, que es el que corta el pelo a los niños y les deja guapísimos. Otro clásico.

En Aravaca también me hago las uñas, concretamente en SISSI, unas chinitas que te las hacen genial. Me encanta visitarlas porque además de hacerme las uñas, de paso, practico mi chino y nos reímos un rato.  

Muy recomendable también D’ARA, un sitio de estética, donde puedes hacerte la depilación láser, una limpieza de cutis, un masaje, o todo tipo de tratamientos corporales. Son de completa confianza y muy amables.

Y para ocasiones más especiales, siempre está la Compagnie Francaise, que tiene cosas maravillosas y donde de vez en cuando compro alguna vela o algún ambientador para la casa de marcas como Lampe Berger, que es difícil de encontrar a veces;  Nicoli, la famosa tienda de ropa de niños, que le encanta a mi hija Celia; y Santa Teresa, donde puedes encontrar algunos productos gourmet muy ricos, y que venden una galletas de membrillos deliciosas.

Me dejo mil sitios, pero creo que he dado un buen repaso a mis clásicos del pueblo. Otro día más!!

Feliz semana.


miércoles, 25 de enero de 2017

Feliz Año del Gallo!

El  próximo 28 de enero de 2017 comienza en China el Año del Gallo de Fuego.

En mi post Año nuevo chino (Año nuevo chinoque escribí hace ya un año ( buf, cómo pasa el tiempo...) contaba todas las costumbres chinas para celebrar la llegada del nuevo año.  Imagino todas las calles de Tianjin adornadas en rojo y dorado, los gallos colgados de todas las puertas en cada casa, tienda o restaurante y a todas mis amigas chinas barriendo su casa sin parar para echar la mala suerte acumulada en el año, como la Ratita presumida.

Durante estos días se verán estampas tan geniales como éstas:



Me encantaría estar allí y vivirlo  en directo de nuevo. Pero estoy en Madrid y debo conformarme con escribir este post y felicitar el año a mis amigas chinas por WeChat.


Según la antigua mitología china el Dios Pangu creó la naturaleza y después la diosa Nuwa creó a los seres humanos moldeándolos con arcilla amarilla ( de ahí lo de la raza amarilla, dicho sea de paso)
Pues bien, en la creación de la naturaleza los primeros animales en ser creados fueron los gallos. Esto significa que el gallo fue ni más ni menos que el primer ser vivo en la Tierra, así que, lógicamente, es un animal muy importante.

Cada año del zodiaco se asocia con uno de los cinco elementos de la teoría elemental china: metal, madera, agua, fuego y tierra. 2017 es el año del Gallo de Fuego, que se repite una vez cada 60 años. Se considera por tanto un año muy especial. Entre otras cosas, se dice que será un año cargado de oportunidades para las personas trabajadoras y responsable en el trabajo. Habrá que tenerlo en cuenta.



El Año Nuevo Chino se celebra durante 15 días.  En España, por cierto, he leído que hasta el 12 de febrero, algunos centros de El Corte Inglés se vestirán de dorado y tonos tierra, los colores de la suerte asociados al Gallo de Fuego y se adornarán con moquetas rojas y jarrones con flores de almendro, muy típicos de estas fechas, para felicitar el año nuevo. Además, el sábado 28, se celebrará un acto presidido por el embajador de China en España, Luy Fan, en El Corte Inglés de Castellana, en el que se podrá incluso disfrutar de un concierto de año nuevo. Soy fan del Corte Inglés y de todo lo chino, así que, allí estaré.

Además, por segundo año consecutivo, con motivo del Nuevo año chino, Madrid acogerá “China Taste”, un evento dedicado a la alta gastronomía china. Veinte restaurantes ofrecerán un menú especial festivo con platos típicos de las fiestas de fin de año en China. Está claro que lo chino está de moda!!  Si ya lo decía yo!!  Recomiendo no perdérselo. La gastronomía china es deliciosa. Más info aquí: China Taste

Feliz año nuevo chino!!
  

domingo, 22 de enero de 2017

Juegaterapia

Me impresiona la valentía y la decisión de la gente emprendedora que es capaz de dejarlo todo por poner en marcha un proyecto personal. Por mi trabajo tengo la inmensa suerte de conocer a mucha gente de este tipo, todos ellos admirables. Así que he decidido ir dedicándoles algún que otro post de vez en cuando. Sin duda, lo merecen. Si de paso, contribuyo a difundir la gran labor que hacen, pues mejor que mejor. Este post será el primero y se lo dedico a Mónica, a la que conocí la semana pasada y debo decir que me impresionó.

Mónica trabajaba en una agencia de publicidad y le encantaba lo que hacía. El hijo de una compañera suya estaba muy enfermo en el hospital. Un día a Mónica se le ocurrió que quizá le podría hacer ilusión una PSP que ella tenía en su casa y que nadie usaba. Y así lo hizo. En ese momento no podía imaginar que ese iba a ser el comienzo de un gran proyecto. Cuando Mónica vio la felicidad del niño por el simple hecho de recibir una consola, se encendió en ella una bombilla. “Yo he sido capaz de hacer feliz a un niño, pero si lo hiciera más gente, seriamos capaces de hacer felices a muchos más”. Y ni corta ni perezosa empezó a engendrar lo que hoy es la Fundación Juegaterapia. Mónica terminó por dejar la agencia y ahora se dedica en cuerpo y alma a esta Fundación.


Juegaterapia, en su Memoria, define su misión como “trabajar para que cada día todos los niños con cáncer solo piensen en hacer lo que cualquier otro niño; ¡jugar!” Y eso es lo que hacen. Tan sencillo y tan grande a la vez. En tan sólo cinco años han llevado consolas y videojuegos a miles  de niños enfermos e ingresados en el hospital. Niños que están sometidos a durísimos tratamientos de quimioterapia y que apenas pueden salir ni al pasillo.

En Juegaterapia saben que para los niños jugar con un videojuego significa evadirse un rato de su realidad, jugar a ser héroes, a luchar, a vencer. Y saben también que eso mejora su estado de ánimo y les ayuda a afrontar de otra forma su proceso de curación, porque, como bien dicen, animados y con una sonrisa, los niños están mucho mejor preparados para luchar.


Pero JuegaTerapia no sólo hace eso, sino que además han construido en las azoteas de algunos hospitales unos maravillosos jardines donde los niños pueden pasar un rato jugando.  Espacios que antes eran grises y seguramente destartalados ahora son maravillosos jardines, diseñados por arquitectos prestigiosos y a los que no les falta detalle. Y todo con un único objetivo: hacer más felices a  niños con cáncer. Ya tienen una azotea en el Hospital de la Paz  y otra en el Doce de Octubre y en breve tendrán dos más. Ellos son así, incansables.

Además, también se les ha ocurrido otra idea maravillosa que es convertir la sala de aislamiento en la que tienen que estar a veces algunos de estos niños en una fantástica estación espacial. Me enseñaron el vídeo y me quedé impresionada. Es como entrar en una verdadera nave de Star Wars. Impresionante.

No quiero ni imaginar lo que pasa por la cabecita de un niño de 5 años al entrar en una habitación de aislamiento. Duro. Gracias a Juegaterapia todo puede ser un poquito más fácil, porque entrar en esta habitación  de aislamiento es como comenzar un viaje apasionante por la galaxia. Me encantó la idea. Impresionante.

La última genial idea de Mónica ha sido la de diseñar unos muñecos muy especiales, los “muñecos más bonitos y valientes del mundo” como dicen en su campaña. Son los BabyPelones, muñecos pelones y con un pañuelo en la cabeza, que son un pequeño homenaje a los niños con cáncer y a la vez una estupenda manera de que niños sanos se familiaricen con la idea de que hay muchos niños enfermos. Sólo estas pasadas Navidades han conseguido vender 18.000 babypelones, el juguete más vendido en España. Espectacular.

Por supuesto, Juegaterapia, como no podía ser de otra manera, cuenta con muchas personas que les apoyan de forma desinteresada, incluso con algunos famosos que les han ayudado a difundir sus campañas, pero cualquier apoyo siempre es bienvenido. Así que aprovecho para poner un link a su web para todo el que quiera conocerles mejor e incluso hacerse socio. Merece la pena!

Feliz semana!

jueves, 19 de enero de 2017

De sensaciones y recuerdos

Hace unos días entrando en un ascensor, un olor a perfume me transportó de repente a mi infancia. Era la colonia que usaba mi padre cuando yo era pequeña. Fue algo instantáneo y fugaz pero de repente sentí como si volviera a tener 10 años, hubiera dado la mano a mi padre y el olor de su colonia se hubiera quedado conmigo.  Una especie de “flashback sensorial”.

Me pasa muy a menudo. Imagino que nos pasa a todos. Sentidos que consiguen evocar de forma intensa y emotiva sensaciones y recuerdos de nuestro pasado.

Con lo que más me pasa es con los olores.  Me encanta cuando estoy con mis hermanas y de pronto un olor concreto nos recuerda  a las tres a la vez a lo mismo. Incluso olores muy sutiles pero que claramente las tres asociamos al mismo recuerdo.  


Es muy curioso, por ejemplo, como el simple olor de una goma MILAN de nata o  incluso de la plastilina puede  transportarme al colegio y  traer a mi mente no ya miles de recuerdos sino miles de sensaciones. Es impresionante la capacidad de nuestra memoria. Me intriga su funcionamiento.

El olor a mimosas me recuerda a los fines de semana que pasábamos en el campo cuando éramos pequeñas, cuando volvíamos cargados de mimosas, que inundaban con su olor toda la casa y que duraban eternamente.  A esa misma época me transporta el olor a chimenea. Ahora me encanta, pero recuerdo que cuando era pequeña odiaba que el pelo me oliese a humo y estaba deseando lavármelo nada más llegar a Madrid.

Y hay olores que ya casi no se huelen y que echo de menos como el olor a talco, el olor a chicle Bang Bang de fresa, el olor a pelo de muñeca, el olor a castañas asadas, el olor de las cintas negras de dentro de los cassettes, o el olor de los coleccionables que venían dentro de las chapas de las botellas y que tan difícil eran de despegar. Son olores que actúan como puertas a mi pasado. 

También me pasa con las canciones. Miles de canciones me recuerdan a mi infancia.  Escuchar una canción de Elsa Baeza, por ejemplo, me recuerda a los viajes en coche, lo mismo me pasa con las canciones de Charles Aznavour, que encantaba a mis padres y mareaba sin remedio a mi hermana Pilar, que era capaz hasta de vomitar en cuanto escuchaba la primera estrofa en francés. Algunas canciones me llevan a aquellas tardes de tele, cuando solo había la opción de elegir entre la primera y UHF y todos los niños veíamos lo mismo y tarareábamos las mismas canciones: Sandokán, Orzowey, Marco, Heidi, comando G.

Y por supuesto, miles de canciones me recuerdan también a mi adolescencia. Por ejemplo, cada vez que oigo Lady in red me acuerdo del primer baile lento que bailé y sobre todo, del corte que pasé, y escuchar canciones como Don’t get me wrong, de Pretenders, o Take on me de AHA es como volver a revivir aquellas tardes en Jácara, una discoteca de Príncipe de Vergara que marcó mis primeras salidas.

Y a medida que avanzo en este post me está recordando más a la serie Cuéntame, así que.. aquí lo dejo!

Feliz semana!!



miércoles, 11 de enero de 2017

Cosas que me enervan

Siempre suelo hablar de lo positivo, de lo que me gusta, de lo estupendo que es casi todo. Pero hoy me apetece hablar de lo que no me gusta, lo que detesto, lo que me enerva, el lado oscuro de la fuerza, eso sí, en clave de humor, no vaya a resultar demasiado talibana, que puedo llegar a serlo si me lo propongo, que conste.

Igual que la felicidad está en los pequeños detalles de la vida, es curioso cómo pequeños detalles también pueden sacarte de quicio. 



Supongo que depende de muchos factores: lo maniática que seas, la paciencia que tengas, la capacidad de autocontrol… En mi caso la mayoría probablemente sean manías absurdas, lo reconozco, aunque algunas cosas creo que fácilmente enervan a cualquiera. Ahí van a ver quién se ve reflejado.


·        Odio meterme en la ducha y que no haya gel, o ir a lavarte el pelo y que no haya champú, sobre todo cuando ello requiere salir de la bañera y hasta del cuarto de baño para hacerte con el producto en cuestión.

·       En este mismo orden de cosas, odio ir al cuarto de baño y que no haya papel. Si estás en casa, es fácilmente solucionable, pero lo fatal es cuando estás en algún baño público.  De hecho, es lo primero que miro cuando entro en uno.

·       Otra cosa que me pone de muy mal humor es pasarme el día soñando con el trozo de tarta de chocolate que sobró ayer y que cuando llego a casa se la haya comido alguien. Me cuesta mucho asumir esa frustración.  Tal cual. Me enfado con el que se la haya comido.

·       Me ataca los nervios estar buscando sitio para aparcar y que cuando por fín lo veo me lo quite el de delante. Soy capaz de soltar todo tipo de improperios. También me pone muy nerviosita la gente que tiene un coche 4 x 4 más grande que un camión y que pasa los badenes a 2 por hora. No lo aguanto.

·       Odio hacerme la manicura y destrozármela al minuto al tener que buscar el dinero en la cartera para pagar. Así que me he hecho fan incondicional de la manicura permanente que te  libera de esta clase de inconvenientes.

·       No soporto que la gente baje las persianas y que se queden a la vista. Corro siempre las cortinas o bajo los estores pero no aguanto ver una persiana bajada. 

·       Me pone nerviosa que a la hora de la comida se lleven determinadas cosas a la mesa, en aras de la comodidad. Me refiero a cacerolas, sartenes y tuppers por ejemplo. No puedo.

·       No entiendo la gente que pone un plato hondo sin plato llano debajo. Jamás lo hago. Ni cuando estoy sola.

·       No resisto vestirme sin antes ponerme crema. 

·       No aguanto que alguien cuelgue mi ropa en perchas poco apropiadas, por ejemplo una chaqueta de lana en una percha de pinzas para pantalones. La mayoría de las veces eso significa destrozar la chaqueta. Y me da mucha rabia también que la ropa se destiña y la culpa siempre la tenga la lavadora.

·       No soporto cuando en el momento más interesante de una película el de al lado desenvuelve un caramelo con toda parsimonia, con todo el ruidito asociado. 

·       Me pone muy nerviosa que la gente se vea obligada  a toser en los intermedios de los conciertos. Creo que tose hasta el que no tiene ganas.

·       No puedo resistir más de cinco minutos sentada al lado de alguien que se muerde las uñas. Cuando me ocurre lanzo miradas asesinas sin poderme contener.

·       No resisto que coman kikos a mi lado. Me pone nerviosa el ruido que hace. En estos casos ya sé que la única solución es unirme a comerlos.

·       Tampoco resisto que la gente haga pompas con el chicle.

·       Me ataca la gente que en el autobús hace como que no ha visto a una embarazada con una tripa de 10 kilos con tal de no moverse de su cómodo asiento. Quien dice embarazada dice anciana.

·       Me pone nerviosa la gente que cuando habla invade tu espacio de intimidad. Me inhibe.

·       Me enerva la gente que en el tren no para de hablar por teléfono a voces, como si estuvieran solos y nadie les oyese.

·       No me gustan nada los restaurantes en los que hay televisión, con la excusa de poder ver los partidos de fútbol esos que todo el mundo queda para ver en algún sitio.  Es motivo suficiente para no volver. Soy así.

·       Llevo fatal ir a cenar a un restaurante de moda y encontrarte a un niño en la mesa de al lado. Los niños en su sitio y a su hora.

·       No resistiría ir de viaje escuchando el programa Carrusel deportivo. Creo que me bajaría del coche en cuanto tuviera ocasión.

·       No puedo dormir con la puerta de la habitación, del armario o del baño abierta. 

·       Me pone muy nerviosa la gente que no es médico pero lo parece. 

·       No puedo con la gente que se cuela en las colas y se hacen los longuis.


  
     Creo que la lista podría ser interminable. Una vez que empiezas no puedes acabar, ja, ja. Prueba a hacerlo y verás. Así que mejor lo dejo aquí no sin antes decir que lo que MÁS MÁS MÁS odio es buscar cosas que no encuentro. Y sobre todo si son cosas cotidianas como las gafas, las llaves del coche, el móvil, las llaves de casa, el cargador, los guantes… Es algo que me enerva y me desquicia. Siempre echo la culpa a los demás, aunque debo decir que muchas veces la culpa es mía!

¡¡FELIZ SEMANA!!

domingo, 8 de enero de 2017

La locura del whatsapp


Reconozco que whatsapp me tiene  enganchada. Lo miro y remiro mil veces al día. Me encanta cuando veo que aparece el iconito en la pantalla indicando que tengo mensajes. Me gusta ver a qué hora se conecta y se desconecta la gente. Espero respuestas inmediatas. No entiendo la gente que tarda más de un día en leer un mensaje o los que no se conectan en días. Hasta un día me dio por pensar que un amigo se había muerto sólo porque tardó tres días en leer mi mensaje ( estaba enfermo y hacía tiempo que no sabía nada de él, debo aclarar).

Todos formamos parte de mil grupos: las madres del cole, la familia, las amigas de la carrera,  la panda de siempre, los amigos de verano, los amigos de invierno, las hermanas, los primos, los del cumpleaños, los del trabajo… Y por supuesto, de un montón de subgrupos. 

Del grupo de madres del cole se deriva el grupo de  madres del cole que preparan la fiesta de fin de curso, las que organizan un cumpleaños, las que planean el viaje  de esquí, las que organizan el mercadillo benéfico… El grupo de familia tiene a su vez varios derivados como la familia sin cuñados, la familia sin maridos, la familia pero sólo las chicas. Y lo mismo ocurre con el resto de los grupos, que pueden multiplicarse en cuantos derivados te imagines.



Hasta aquí todo normal. Es estupendo estar conectados. Pero lo realmente terrible empieza con algunas “prácticas grupales” que resultan agotadoras.

Pongo un ejemplo: los cumpleaños. Siempre hay quien se acuerda de todas las fechas de cumpleaños y anuncia la noticia: “Hoy es el cumple de fulanito. Felicidades!” y a partir de ahí, se van sucediendo las felicitaciones de cada uno de los miembros del grupo. Al principio, basta con un “feliz cumpleaños”, o un “que cumplas muchos más”, pero poco a poco la cosa se va animando y llegan los emoticonos: una manda tres tartas y cuatro botellas de champán; otra cinco gorrito de fiesta, cinco corazones y seis boquitas besando; la siguiente diez corazones entrelazados, otros tanto latiendo, diez manitas aplaudiendo y veinte globos….Es fatal unirte tarde porque ya no sabes ni cómo felicitar para resultar original.

Lo mismo ocurre cuando alguien manda la foto de su hijo. Esto es muy típico de los grupos de amigas. “Qué monada” dice una; “ideal” la otra; “espectacular” la tercera; “clavado a ti” la cuarta y así sucesivamente. Y pobre de la que no diga nada.  Tras cada piropo, la madre en cuestión se ve obligada a dar las gracias, claro.

Pero lo peor es cuando, en el grupo de madres del cole, alguien pregunta por algo que su hijo ha perdido. “ Yo no lo tengo”, dice una madre, “Yo tampoco” dice otra, “Ni yo” dice la siguiente y así sucesivamente hasta que las 25 madres han dejado claro que no lo tienen. Digo yo que sería más fácil si sólo contestase la madre que lo ha encontrado. Y desde luego, mucho menos agotador.

A todo esto se une el estrés que generan algunos grupos. Por ejemplo, cuando se crea un grupo para preparar una fiesta sorpresa o comprar un regalo. El grupo es idéntico a otro ya existente pero con un miembro menos, lo cual hace que más de una vez termines metiendo la pata  revelando algún detalle inoportuno en el grupo inadecuado. Típico. ¿A quién no le ha pasado algún vez?

También es divertido cuando se crean pequeños grupos de tres o cuatro para comentar lo que se dice en el grupo grande. De nuevo, típico de chicas. Es como si creasen pequeños “núcleos duro”, o algo así como hacer lobby a pequeña escala para tener más influencia en el grupo grande.

Los whatsapp te permiten conocer distintos perfiles. Los super rápidos y que siempre contestan los primeros; los rezagados, que tardan días en contestar o ni lo hacen; los que les encanta mandar cadenas de esas que nadie se cree, pero que mandas por si acaso; los que mandan todo tipo de chistes; los que mandan fotos de cada instante de su vida; los que mandan fotos de sus looks diarios; los que envían fotos de la comida en vez de comérsela; los aficionados a enviar vídeos que te petan el móvil…

En fin, que esto del whatsapp es un mundo infinito. Doy gracias de no estar enganchada a ninguna otra red social, si lo estuviera, no sé qué sería de mi vida.


Feliz semana!

jueves, 5 de enero de 2017

¡Ya vienen los Reyes Magos!

Esta noche vienen los Reyes Magos. Creo que es una de las noches más emocionantes y mágicas del año. Me encanta la emoción de los niños, su inocencia, los nervios de estos días, sus caritas escribiendo sus cartas, su alegría al preparar  el agua para los camellos o el polvorón para sus majestades, la ilusión cuando dejan sus zapatillas a los  pies del árbol.. Ojalá fuera algo que pudiésemos conservar para siempre…

Personalmente, y obviando el estrés que muchas veces conlleva lo de ser Rey Mago (y no voy  a seguir ahondando en este aspecto por si hay “moros en la costa”) debo reconocer que estoy contenta de que en mi casa no se haya colado, de momento, ningún otro “personaje” diferente a los Reyes Magos. Lo siento pero no soy de Papá Noel, ni de Santa Claus, ni de San Nicolás ni de ningún otro amable viejecito con barbas que se tercie, por muy bonachones y navideños que resulten. 

Soy un poco talibán para eso, lo sé, pero hasta he terminado cogiendo un poco manía al pobre Papá Noel. No entiendo yo porqué teniendo una tradición única y propia, autóctona que dirían alguno,  tenemos que recurrir a personajes “importados”, que nada tienen que ver con nuestra cultura.  Es mi opinión. Lo siento.

Mis hijos no acaban de entender la razón por la cual ellos no escriben a Papá Noel,pero creo que ya lo tienen asumido.


Sin embargo, en mi familia hay una tradición que hemos mantenido desde que éramos pequeñas y que son “los pajes”. Mi abuela Paula siempre escribía una carta a sus majestades los Reyes Magos de Oriente. En ella les pedía que por favor enviasen a alguno de sus pajes con unos días de antelación para que nos adelantasen uno de nuestros regalitos en su casa el día de Nochevieja, que era cuando estábamos con ella. Y los Reyes, bondadosos como son, nunca se pudieron resistir a los deseos de mi abuela, así que, muy amables y solícitos, nos enviaban un paje.  Esta tradición sí me gusta, porque al final, siguen siendo los Reyes Magos.

Me encanta recordar las noches de Reyes de cuando era pequeña. En mi caso, siempre pedía los mismos “clásicos”: un disfraz, un libro y un “muñeco de Sánchez Ruiz”, una tienda de la calle Gran Vía, que recuerdo tenía un escaparate gigantesco lleno de muñecos. Me emocionaba. Mi favorito de todos los que me trajeron a lo largo de los años era uno que yo llamaba “el bebé romántico”, genial el nombre!. Además de estos clásicos, y teniendo en cuenta que yo era bastante buena (espero no tener un comentario de mi padre a este post diciendo lo contrario), siempre me “caía” alguna otra cosa: una Nancy, ropa para los barriguitas, una cocinita, una plancha… las típicas cosas que pedíamos todas las niñas de la época.  

Qué recuerdos tan bonitos. Qué nostalgia. Recuerdo la emoción que sentíamos al abrir la puerta del salón y encontrar los sofás llenos de regalos. La misma que sienten hoy mis hijos. Nos encanta grabarlo, es un momento único, mágico, de esos a conservar en nuestra retina.

Que sigamos disfutando muchos años de la magia y la fantasía de esta noche, por muy mayores que nos hagamos.

¡Feliz noche de Reyes!