La gente dice mucho últimamente eso de que algo "ha llegado para quedarse". Se dijo mucho con el covid: el covid ha llegado para quedarse. Lo mismo con el teletrabajo, o con la inteligencia artificial.
Pues sí. Hay cosas que aparecen en nuestra vida de repente, con apariencia de pasajeras, y que, sin embargo, llegan para quedarse. Pero también hay otras que, aunque parezca que van a durar siempre, un día se nos escapan.
Como la juventud, que llega sin pedir permiso, se instala atrevida, y un buen día, sin previo aviso, se va. O el amor, que cuando llega pensamos que durará eternamente, pero que a menudo desaparece.
Hay cosas que permanecen para siempre. Hay otras que van y vienen. Hay cosas que se van sin que podamos hacer nada por evitarlo. Hay otras que desaparecen porque dejamos de cuidarlas o renunciamos a ellas. Y hay cosas que no deberíamos permitirnos perder jamás.
En el panorama actual, me llama la atención la cantidad de cosas que se les han escapado de las manos a quienes deberían preservarlas y representarlas. Aunque dudo de si alguna vez las tuvieron.
Hablo, entre otras cosas, de la vergüenza, la ética y la dignidad.
La vergüenza, entendida, no como el miedo al qué dirán, sino como esa voz interior que nos impide comportarnos de una determinada manera.
La ética, esa que no suele traer aplausos inmediatos pero que te permite dormir con la conciencia tranquila.
La dignidad, esa frontera que uno debería defender incluso cuando perderla resulta más rentable.
Hablamos constantemente de innovación, de progreso, de transformación, de IA, pero me pregunto si nos paramos a pensar en qué clase de personas queremos ser mientras el mundo cambia a nuestro alrededor, qué clase de sociedad queremos construir.
Me preocupa que un día ni siquiera echemos de menos lo perdido, que empecemos a aceptar su ausencia como algo normal, que dejemos de esperarlo de aquellos que deberían dar ejemplo. Porque ese dia me temo que ya no habrá vuelta atrás.
Feliz semana!

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