Érase una vez un pavo en un corral. Pero no era un pavo cualquiera. Era el rey del corral.
Nadie recordaba cuándo había empezado a serlo. Llevaba tantos años comportándose como si hubiera nacido con la corona puesta que nadie se atrevía a discutirlo. El pavo caminaba despacio, altivo, con el pecho hacia fuera, la cabeza alta y la cola desplegada como si de un abanico imperial se tratara.
A su alrededor siempre había gallinas que lo seguían a todas partes, cacareando sus virtudes. Y de tanto cacarearle, el pavo se lo creyó y tomó el mando del corral. Paseaba y paseaba presumiendo de su condición. Sus plumas brillaban al sol y cuando se pavoneaba por el corral todos los animales quedaban deslumbrados. Daba órdenes a diestro y siniestro y todos obedecían.
Cada mañana, el pavo buscaba un charco donde contemplarse. Se acercaba, estiraba el cuello y observaba su reflejo. Pero un día el charco le pareció pequeño. Y buscó uno más grande, y después otro, y otro.
También empezó a comer cada vez más y nadie se atrevía a decirle que estaba engordando. "Estás espléndido" le decían las gallinas, y él comía. Comía y se contemplaba sin cesar.
Llegó un momento que engordó tanto que ya no podía verse entero en el charco y buscaba superficies mas grandes en las que el agua le cubría las patas. Y cuando intentaba caminar por el borde del charco para admirarse completo, resbalaba y acababa dentro, embarrado hasta el pico.
Su cola, que había sido su orgullo, estaba cada vez más deslucida. Las plumas se le habían quedado pegadas. Algunas estaban rotas, otras habían perdido su brillo. Pero nadie se lo decía. Las gallinas seguían cacareando a su alrededor, aduladoras.
El corral cada vez estaba más dejado y sucio, lleno de charcos con agua estancada que olían a pescado podrido.
Mientras tanto, el resto de los animales empezaron a preguntarse si no habría llegado el momento de que otro ocupara el mando del corral. Había un gallo joven que tenía ideas nuevas. Un pato que sabía organizar las cosas. Un burro que, aunque no era especialmente brillante, tenía la costumbre de decir lo que pensaba.
Pero al pavo no le gustaban las alternativas. Así que empezó a poner obstáculos. Una valla aquí. Una zanja allá. Una puerta con llave. Finalmente, mandó blindar el corral entero. Solo podían entrar las gallinas que él admitía y que le seguían diciendo que era el pavo más bello del mundo.
El pavo seguía comiendo. Seguía engordando. Su cuerpo crecía tanto como su ego. Solo había una cosa que no crecía: su plumaje. Cada día estaba un poco peor. Y las gallinas, que llevaban tanto tiempo diciéndole que era magnífico ya no sabían cómo decirle lo contrario.
Una mañana, el pavo se acercó a su charco favorito. Era enorme. Se inclinó para contemplarse. Vio un pavo gordo, cansado, con la cola caída y las plumas mojadas.
Retrocedió un paso. Volvió a mirar. Entonces ordenó que prohibieran los charcos. Las gallinas aplaudieron.
El resto de los animales ya estaban hartos. Murmuraban a sus espaldas pero no se atrevían a plantarle cara porque, aunque le sabían debilitado, todos le temían.
Hasta que un día alguien abrió la puerta del corral, una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada. Entró el aire fresco. Entró la luz. Y entraron también los animales que durante tanto tiempo habían permanecido fuera.
El pavo corrió a impedirlo, pero ya no podía correr porque pesaba demasiado. Intentó desplegar la cola, no pudo. Intentó levantar el cuello con dignidad, le tembló.
Oyó unos pasos. Alguien entraba por la puerta abierta. Alguien se aproximaba a él con algo reluciente entre sus manos. Miró con ojos desorbitados esperando que alguna gallina viniera en su auxilio. Pero todos los animales habían desaparecido, hasta las aduladoras gallinas. Sintió algo frío en la garganta y la vista se le nubló.
Adiós, pavo. Adiós, pavito.
Nadie lloró su pérdida. Y todos en el corral volvieron a ser felices.

Jajajajaj en la vida hay muchos pavos como el que describes pero la situación actual me hace inclinarme por uno que empieza por P , es este tu pavito?
ResponderEliminarJaja... uy, no se a quien te refieres... jaja
Eliminar¡Qué divertido! Me ha encantado
ResponderEliminarGracias!
EliminarMaría! Alucino con tu imaginación !!. Lo mismo escribes un ensayo humorístico sobre las que pasamos de los 50 como nos sorprendes con una fábula buenísima 👏
ResponderEliminar😍😍
EliminarQué bueno Maria jajajjaja. Que cierre la puerta al salir !
ResponderEliminarJajaja 😂 😂
Eliminar😍😍😍
ResponderEliminarYo creo que reconozco a alguno…… sobre todo a uno….
ResponderEliminarMe encanta, gracias!!!!!
Muy Esopo! Fantástico.
ResponderEliminar😂😂 en quien te habrás inspirado ?? y que bien escribes!
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