Hoy hemos descubierto una rata en el jardín. Pero lo peor no ha sido eso, sino que una vecina nos ha dicho que está prohibido poner veneno para matar las ratas porque se considera maltrato animal, y que si lo haces, incluso te puede caer pena de cárcel. Me he quedado en shock.
Resulta que vivimos en un mundo donde hay países en los que caen bombas indiscriminadas sobre la población civil, donde sigue existiendo el trabajo infantil, mujeres esclavizadas y guerras retransmitidas en directo. Pero, ojo, la ratas tienen derechos.
No es que pretenda yo organizar un exterminio masivo de ratas, que, por otro lado, no estaría mal. Pero, a veces, no termino de entender el orden de nuestras preocupaciones.
Creo que hemos desarrollado una capacidad extraordinaria para indignarnos por determinadas cosas mientras convivimos con el horror sin alterarnos demasiado.
Hace años discutía con un activista contra el maltrato animal. Defendía apasionadamente a los animales pero al rato me di cuenta de que también defendía con la misma pasión el aborto. Recuerdo que me sorprendió.
Cuando se lo comenté, me dijo que una cosa no tenía nada que ver con la otra. Pero yo sigo pensando que sí está relacionado.
Porque nuestra visión del mundo tiene mucho que ver con lo que consideramos valioso, digno de protección o merecedor de nuestra compasión.
Y a veces no es fácil seguir la lógica.
En este mismo orden de cosas me costaría también entender al que se declara antitaurino pero luego se va feliz de cacería. O al que se escandaliza por una cosa y trivializa otra mucho más grave.
Supongo que todos somos incoherentes en ocasiones. Pero, a menudo me pregunto si no estaremos perdiendo un poco el norte. Si no estaremos dedicando demasiada energía a problemas secundarios mientras las cosas verdaderamente importantes pasan por delante de nosotros casi como si fueran parte del paisaje.
En fin, que yo había salido al jardín preocupada por las ratas y he acabado haciéndome preguntas filosóficas.
Debe ser el calor, o el impacto de descubrir que debo convivir con roedores.
Dicen que si no puedes con el enemigo, lo mejor es unirte a él. Eso haré. Aprenderé a amar a las ratas.
Feliz semana!
.

Comentarios
Publicar un comentario