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Objetos perdidos

Ayer leí la noticia de un padre que se olvidó de su hijo en una gasolinera y no se dio cuenta hasta 140 kilómetros después. Me pregunto si al pobre niño lo llevarían a la sección de objetos perdidos de la gasolinera.  

Los departamentos de objetos perdidos siempre me han llamado la atención. Estoy segura de que deben estar llenos de objetos inverosímiles. 

Es fácil perder el paraguas, un sombrero, unas gafas, las llaves, la cartera o hasta la dentadura postiza, el que la lleve. Más difícil es perder un cortacesped o una bombona de butano, aunque parece que son cosas que, increíblemente, también se pierden.

Lo peor es que, a medida que pasa la vida, vamos perdiendo cosas que luego cuesta mucho encontrar.

Perdemos la memoria, la paciencia, la atención, la vergüenza, la capacidad de dormir de un tirón, la inocencia y a veces, hasta la cabeza o la cordura.

Me imagino un enorme almacén de objetos perdidos a lo largo de la vida. Un lugar lleno de estanterías y grandes cajas.

En un estante, las horas de sueño. En otro, la capacidad  de concentración. En cajitas pequeñas, la memoria. En un armario gigante, la paciencia.

- Buenos días. He venido a buscar mi sentido común.

-¿De qué época?

- No sabría decirle. Creo que lo perdí hace bastante.

-¿Lo llevaba puesto cuando lo perdió?

- Probablemente.

Quizá también podamos encontrar cosas que ni siquiera sabíamos que habíamos perdido. La valentía. Una ilusión. Las ganas de hacer algo por primera vez. La capacidad de sorprendernos. Una conversación pendiente. Un sueño que dejamos aparcado. Una oportunidad. O aquella versión de nosotros mismos que, por alguna razón, un día desapareció.

Sería fantástico que en ese almacén también nos permitieran dejar lo que nos sobra. El miedo. La culpa. La prisa. El estrés. La necesidad de tener razón. El rencor.

En Objetos Perdidos podría además haber una sección especial: "Cosas que alguien encontró y que quizá usted necesita.”

Porque tal vez no todo lo que buscamos sea nuestro.

Quizá alguien haya perdido la paciencia y a nosotros nos sobre.

Quizá alguien haya dejado olvidada la esperanza y otros la  necesiten.

Quizá alguien haya perdido la capacidad de reírse de sí mismo y algunos tengamos dos.

Porque recuperar no siempre significa encontrar exactamente aquello que era nuestro. Puede que algunas cosas sólo vuelvan a encontrarse cuando caen en manos de otra persona.

Confío en encontrar un día ese lugar en el que se amontonan todas las cosas que vamos perdiendo por el camino. Yo iré a buscar mi cintura. Y, si está disponible, me llevaré también un poco de memoria, dos kilos de paciencia y quizá, ya de paso, unos buenos sacos de cordura para devolvérsela a más de uno que la necesita con urgencia.

Feliz semana!


Comentarios

  1. yo quiero tu capacidad de sonreír siempre

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  2. Que bonito !!!! Yo también quiero ir a buscar mi cintura y si admiten devoluciones mi nueva tripa 😎😎😎🥰🥰🥰

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    Respuestas
    1. Fantástica como siempre María!!!
      De una u otra manera tienes la habilidad de dejarme dándole vueltas al tema que nos propones!!!
      Mil besos

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  3. Jjajajaja la cintura y la tripa tb la entregaba al almacén de forma generosa

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  4. María!! Siempre genial y cuando te da por filosofar aún más!! Quizá escriba la lista de cosas, buenas y malas, que he ido perdiendo. Seguro que me sorprendo a mi misma...

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  5. Qué bueno María, si te encuentras algo interesante avisa que seguro que me va bien😜

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  6. La cintura jajajajjaja eres genial María! Me ha encantado este relato 😘😘😘

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  7. Magnífico relato y con mucho calado. Tempus fugit. Bisou

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  8. Me hiciste reír mucho. Como siempre un placer leerte un abrazo !!

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  9. Ayy sii que perdemos cintura😂 y también esa capacidad que teníamos de dormir del tirón😅 pero seguro que a cambio hemos encontrado alguna, verdad?? 🤔 eso espero guapa, que seamos un poquito más sabias, aunque sea un poquito de sabiduría😍

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