Hay objetos que tienen la extraña vocación de desaparecer.
Me paso la vida buscando mis gafas.Tengo gafas por toda la casa. En la mesilla, en el baño, en la cocina, en el bolso, encima de un libro, al lado del ordenador. Podría montar una óptica. Sin embargo, cuando necesito unas, desaparecen todas.
Lo peor es buscar las gafas sin gafas. Recorres la casa achinando los ojos, miras debajo de los cojines, encima de la mesa, abriendo cajones en los que sabes que no estarán las gafas. Y, de repente, te das cuenta de que las llevas puestas.
Las gafas tienen un sentido del humor peculiar. Pueden pasar horas visibles y volverse invisibles en el mismo instante en que las necesitas.
Después está la llave del coche. Nunca se pierde cuando estás tranquilamente en el sofá. Ahora bien, basta que estés con el abrigo puesto y a punto de salir para que desaparezca. Entonces empieza la búsqueda y terminas quedándote en casa.
Pero hay un objeto que se lleva la palma y es la cartera de mi marido.
La cartera no sólo se pierde sino que organiza nuestra vida alrededor de su desaparición. La cartera de mi marido marca nuestros destinos.
Hemos perdido aviones por culpa de la cartera. Hemos llegado tarde a funciones de teatro, a fiestas del colegio, a bodas y a funerales.
La cartera de mi marido tiene la capacidad de convertir una salida en una investigación policial.
¿Dónde la has dejado?
No sé.
¿Dónde la tenías la última vez?
No lo sé.
¿Pero qué hiciste después?
Tampoco lo sé.
Creo que determinados objetos deberían llevar incorporado un microchip, como los perros.
No entiendo por qué puedo localizar fácilmente a mi perro y no puedo localizar con la misma facilidad la cartera, que contiene el DNI, las tarjetas y el carnet de conducir.
Y luego están los objetos que se niegan a perderse y te acompañan fielmente.
Los kilos, por ejemplo. Esos no necesitan chip. Tienen geolocalización permanente.
Puedes perder las gafas, las llaves, la cartera, un pendiente, el móvil, la paciencia y hasta un avión.
Pero los kilos sabes perfectamente dónde están. Y nunca se quedan atrás.
Feliz semana!

Me ha gustado mucho!
ResponderEliminar😍😍
EliminarBárbaro. El giro final de la trama😜
ResponderEliminarJeje
Eliminarme encanta jaja
ResponderEliminarMe parto meri !!! Lo de la cartera de tu marido no lo sufro pero lo de las gafas es desesperante !! Siempre pienso que se las ha llegado así la chica de la limpieza hasta que las encuentro !! Y tengo 3 !!😍😍😍😍
ResponderEliminarTe aseguro q lo de cartera es aún peor jaja
EliminarMaría que razón tienes , que gracia lo de los kilos que siempre sabes donde están Ja ja …
ResponderEliminarJeje
Eliminar😍
ResponderEliminarjajaja 🤪 tienes toda la razón!!!!
ResponderEliminarYo quisiera que se perdiera también toda la ropa sucia que me espera tan campante en el cesto de la ropa sucia y aparte se reproduce a una velocidad espantosa 😩
Qué bueno tu lío con las gafas!!
ResponderEliminarYo hoy llevaba cuatro en el bolso: de ver, de cerca, de sol, de sol graduadas.
Cuando busco una ya no se ni cual saco 🤣🤣
Jajaja! Me encanta el final con la cartera de tu marido ... Lo de buscar las gafas sin gafas me vi completamente reflejada
ResponderEliminarYo empatizo con tu marido, y lo resolví dejando de utilizar la cartera 😂
ResponderEliminar