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Dime qué uñas tienes y te diré quién eres


Siempre me fijo en las uñas. Hay quien mira los zapatos, la sonrisa, los ojos… Yo miro las uñas.

Las uñas hablan por sí mismas. Son una seña de identidad, una carta de presentación. Sólo mirando las uñas puedes intuir cómo es alguien: si es cuidadoso o caótico, limpio o sucio, paciente o ansioso.

No me gusta que la gente se muerda las uñas. No soporto el ruido que hacen, ni esa cara de concentración que se les pone mientras se las muerden.

Las uñas largas en los hombres me horripilan. En mi casa siempre las hemos llamado “uñas de chino”, porque los chinos suelen llevarlas largas. Todas ellas o solo algunas, sobre todo la del meñique. Prefiero no saber para qué la usan.

A veces intento ser comprensiva. Cuando conozco a un hombre con las uñas largas pienso que igual toca la guitarra. Pero casi nunca es así. La mayoría de las veces no hay guitarra, solo uñas.

He dejado a dos novios por sus uñas. A uno, porque las tenía largas. Al otro, porque se las comía. Una noche fuimos al cine y se pasó la película entera mordiéndose las uñas mientras yo iba acumulando una irremediable ira interna. Cuando salimos del cine, le dejé sin más explicaciones.

No me gustan las uñas descuidadas o sucias. Hay uñas que parecen haber vivido más que su dueño.

En los hombres me gustan las uñas aseadas y cortadas al ras. En las mujeres no me gustan las uñas en pico ni las exageradamente largas, de esas que parecen garras y convierten cualquier gesto cotidiano en una prueba imposible.

Yo suelo llevarlas pintadas. Pero también me gustan las uñas sin pintar y bien cuidadas. 

Pintarse las uñas tiene algo de compromiso a largo plazo. Es una pequeña esclavitud, como teñirse el pelo. Porque en cuanto te descuidas llega ese momento incómodo en el que conviven uñas pintadas con otras a medio borrar. 

Una vez tuve un compañero que se cortaba las uñas en la oficina y las acumulaba en un cajón, donde llegó a tener casi un kilo de uñas cortadas. Era como de película de terror. Lo cierto es el que el cortauñas siempre me ha dado miedo. Creo que si veo a alguien en el metro con un cortauñas llamo a la policía.

Mis hermanas y yo somos fisonomistas de uñas, que significa que algunas uñas nos recuerdan a algunas personas. Es difícil de explicar pero nos pasa y coincidimos siempre.

Mi hermana, de pequeña, pensaba que “uñas” se escribía con una s delante: “suñas”. Lo descubrimos jugando al veo veo.

Las uñas de los pies merecen capítulo aparte. Solo diré que, cuando son feas, son horribles. He visto uñas de pies retorcidas, casi mitológicas, capaces de transformar un pie en una pezuña. En esos casos, creo que no me quitaría los zapatos. Nunca, bajo ningún concepto.

Hay mujeres que no se pintan las uñas de los pies y tienen pies de monja. Otras no se las pintan porque son deportistas o simplemente prácticas. Hay gente que tiene hongos en las uñas de los pies y cuando van a la piscina te contagian. Un espanto.

A veces he dado un voto de confianza a personas con uñas sospechosas y han resultado ser gente de bien. Así que, no siempre hay que prejuzgar por las uñas.

Lo cierto es que, a menudo, la vida son pequeños detalles que parecen insignificantes pero que dicen más de nosotros de lo que creemos.

Dime qué uñas tienes… y te diré quién eres.

Feliz semana!!

Comentarios

  1. Yo tb tenía un compañero bueno dos que se cortaban las uñas de los pies y manos en el banco … a ver si va a ser el mismo…

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  2. Lo del compañero que acumulaba un kilo de uñas merece un estudio aparte.
    Y ahora estaré unos días irremediablemente fijándome en las uñas de las mujeres, tú crees que es equiparable a mirar otras partes del cuerpo? 🤣🤣🤣

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  3. Qué bueno! Ya me dirás quiénes eran esos novios

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  4. Me encanta! Y me encantan tus uñas

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  5. Ay María, ni me mires, estoy pasando por un momento malisimo de uñas por haber usado durante tanto tiempo esmalte permanente pero todo pasará.

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  6. Ay María!! Que me parto de risa contigo!!! No sé si será porque mi padre siempre se preocupó de mirar nuestras manos (al igual que los zapatos) cuando eramos pequeños que a mi siempre me preocupó eso... hasta tal punto que al llevar a futbol a mus nietos les limpiaba hasta los suyos zapatos) mientras los esperaba...Y cuando conozco a alguien nuevo se me va la vista hacia las manos y los zapatos...Jajaja

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  7. Algo se me ha borrado... no sé. Pues ahi queda eso. Hasta la semana próxima que llevaba "out" una temporada!

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  8. Bestial jajajajajajaj me pasa igual me ha chiflado

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  9. Más de uno nos hemos cortado las uñas después de leerte

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  10. Jajaja
    Me ha encantado
    Que horror el del cajon!!!!!
    Que HO RROR

    Y que risa con a veces solo hay uña sin guitarra
    Tal cual 😱😱😱

    Yo tengo un problema con las uñas jajaja
    Es casi imprescindible que esten perfectas o si no, al natural pero cuidadas

    Eres genial Maria
    Jajaja

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  11. Jajajja Maria, la próxima vez que quedemos voy a llevar guantes porque yo creo que no paso la prueba.

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  12. Me parto!!! Qué divertido, María, y qué razón tienes. Me las voy a arreglar corriendo!!! 🫣

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  13. A veces las uñas abandonadas son por exceso de trabajos manuales, como el de las amas de casa o las asistentas. No me quiero justificar, pero me resulta imposible tenerlas bien!

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  14. Me hice esta mañana un corte de uñas exagerado

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  15. No puedo sentirme mas identificada contigo. Estoy 100% de acuerdo lo q me he reido. Hay una uñas del pulgar en mujeres muy caracteristicas q mi hermana y yo las llamamos las de mi tia Juli. Jajajajajjajjaja

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  16. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  17. Muy buen post. Yo trato de mantener mis uñas muy cortas; de hecho, las traigo casi al ras del lecho ungueal (tuve que buscar el término en Google al verlas así).

    La semana pasada, vino a mi oficina un técnico de soporte TI a arreglar un rack de servidores. De pronto, empezamos a escuchar ese 'crash' típico de cuando usas un cortauñas y los trozos saltan. Había tres personas más en la oficina y nadie decía nada, pero todos escuchábamos que el hombre, subido en una escalera, se estaba cortando las uñas.

    En un momento no aguanté más: me levanté de mi puesto, me acerqué a la escalera y discretamente le dije: 'Disculpa, ¿podrías ir a cortarte las uñas al baño?'. Los demás estaban pendientes de la conversación y escucharon la respuesta: 'No me estoy cortando las uñas, son estos cables; es más fácil arreglarlos con un cortauñas'."

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