Podría escribir páginas y páginas sobre la visita del Papa, un acontecimiento único que he tenido el privilegio de vivir intensamente.
Pero hoy quiero escribir sobre una de las mayores pruebas de fe de la que hemos sido testigos estos días: el lanzamiento de bebés al Papa.
Qué mayor prueba hay, no ya sólo de fe, sino de confianza en el prójimo, que confiar tu bebé a una cadena humana formada por desconocidos.
Sin embargo, cientos de madres han practicado cada día el lanzamiento de bebés olvidando por un instante el más mínimo sentido de la prudencia y hasta el más básico instinto de conservación de las crías que todo mamífero tiene por naturaleza.
Un bebé que hace cinco minutos no podía alejarse más de un metro de su sillita de pronto comenzaba una aventura épica por encima de una multitud de miles de personas. “¿Es suyo? No. ¿Lo conoce?. Tampoco. ¿Y por qué se lo entrega? Porque va hacia el Papa” Y allí que iba el niño en volandas pasando de unas manos a otras.
Los niños más afortunados llegaban hasta las manos del Santo Padre y eran bendecidos. Los menos afortunados emprendían el viaje de vuelta tras haber recorrido cientos de brazos anónimos sin alcanzar la ansiada bendición papal.
Me ha impresionado la confianza de las madres, aunque reconozco que yo habría hecho exactamente lo mismo. Pena me ha dado no tener un bebé a mano. Lo hubiera lanzado, aunque no fuera mío. También me ha impresionado la confianza de los propios niños. Ni uno lloraba.
Niños de pocos meses volando literalmente por encima de las cabezas de la multitud, elevados como trofeos, jaleados por desconocidos, acercándose a un señor vestido de blanco al que jamás habían visto. Y ni un lloro, ni un drama. Debe ser cosa del Espíritu Santo tan presente estos días en Madrid,
Y mención especial merecen también las personas de seguridad del Papa. Durante estos días han sostenido entre sus brazos a miles de niños. Los han recibido, los han devuelto y, milagrosamente, nunca mejor dicho, han conseguido que cada uno terminara en los brazos de su madre, aunque, en alguna ocasión, casi se lo entregan a una madre equivocada que lo hubiera recibido encantada, porque un bebé bendecido no es moco de pavo.
Y mientras tanto, el Papa sonriendo siempre. Recibiendo a cada niño con cariño, con amor, con ternura y con una paciencia infinita.
Y es que, después de todo, él más que nadie sabe lo que una madre es capaz de hacer por su hijo. Y si no, que se lo pregunten a la Virgen María.
Feliz semana!

Muy bueno!!! Jajaaj eso es fe ciega ...😜
ResponderEliminarJaja me he reído mucho..genial como siempre, María
ResponderEliminarJajjajaa Maria, tal cual!!!
ResponderEliminarEl nieto de una de mis amigas ha sido “bebé volador” … estaban emocionados
ResponderEliminar😂😂😂 Estaba con mi madre comentando lo mismo!! Algunos se ven recién nacidos. Admirable la calma de la seguridad del Papa yendo y viniendo con los bebés! Parecen muñecos reborn, no se inmutan!
ResponderEliminarQue bonito María llevo días pensando lo mismo pero tu final sobre la Virgen me ha parecido redondo
ResponderEliminarAy. MARIA LO Q ME HACED REIR. Llevo diciendole a mi marido eso todo el fin de semana....y lo fuerte esque volvian a la madre correcta😂
ResponderEliminarMe ha encantado y tienes una sorna:)
ResponderEliminarEnhorabuena 🍾🎉!!!!
María, que divertida tu crónica !. Nada que ver con todas las que he leído y escuchado estos días. Le decía a mi hija que si el Papa hubiera bendecido a un hijo mío estaría días sin lavarle la cabeza. Ha sido maravilloso tener al Santo Padre en Madrid !! Y más maravilloso aún ver a tantos y tantos jóvenes cerca de EL.
ResponderEliminarMe ha encantado. Yo tb lo había pensado es algo curioso. Con otros papas no lo había visto. 😘😘😘
ResponderEliminarSi Herodes lo hubiese visto le habría dado un soponcio!!! 🤣🤣🤣 Grande el Papa León XIV 😘😘😘
ResponderEliminarBuenísimo! Pero yo no creo que hubiese soltado a Ana salvo que estuviera en primera línea y se la diese yo 😅
ResponderEliminarMe hubiera encantado ser uno de los niños!!!!!
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