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Día de Reyes

 

Durante muchos años, de pequeña, siempre pedía lo mismo a los Reyes Magos. Un disfraz, un juego de mesa y un muñeco de Sánchez Ruiz, que era una tienda que me encantaba en la Gran Vía. Tenía un escaparate enorme lleno de muñecos de todo tipo. Me podía pasar horas mirándolos fascinada.  Recuerdo que un año me trajeron un muñeco al que rápidamente puse el nombre de bebé romántico porque iba vestido con un faldón que me parecía como de otra época. Creo que todavía sigue dando vueltas por casa de mis padres aunque me temo que ahora irá disfrazado de cualquier cosa y habrá perdido el pobre todo su romanticismo. 

Otro año me trajeron un muñeco vestido de tirolés. El mío era rojo y el de mi hermana verde. Cuando le quitabas el chupete lloraba y por un momento pensé que aquel muñeco tan elegante iba a ponerse a cantar una canción de Sonrisas y Lágrimas. Qué ilusión me hubiera hecho, con lo que me gustaba la película.

A lo largo de los años también me trajeron muchos disfraces. Mi favorito era el de mora, disfraz que supongo que ahora sería políticamente incorrecto denominarlo así. Era rosa y dorado con babuchas y un pañuelo blanco que te tapaba la cara. Cada vez que me lo ponía me sentía de lo más exótica y misteriosa. Otro año me trajeron un disfraz de holandesa precioso. Hace poco se lo di a la hija de alguna amiga y ahora me arrepiento porque me hubiera encantado  conservarlo. Ahora los disfraces son de los chinos y todo el mundo los tiene igual. 

De los juegos me acuerdo del tragabolas, que era muy divertido y de uno que se llamaba Simón que consistía en repetir una serie de secuencias de luces y sonidos cada vez más rápido. O el famoso Operación. Aunque sin duda lo que marcó toda una época  era la famosa caja enorme de Juegos Reunidos. ¿Alguien jugaría alguna vez a todos? Yo nunca. 

En mi casa sin embargo nunca nos trajeron un scaletrix  ni el Exin Castillos. Eran juguetes de niños. Y yo soy aún de una época en la que había juguetes de niños y juguetes de niñas. Un primo mío pidió una Nancy y una plancha y le llevaron al psicólogo, no digo más.

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que vi a un Rey Mago. Fue en casa de mi abuela Pilar. Me quiso coger en brazos y casi me da un pasmo. Me asustó muchísimo aquel señor con barba tan alto que encima quería cogerme. Menos mal que no me dejó ningún trauma la escena. La superé rápido.

En casa de mis otros abuelos en cambio, lo que celebrábamos eran "los pajes" que siempre se adelantaban unos días a los Reyes porque mi abuela Paula se lo pedía. Mi abuela debía tener mucha mano porque los pajes venían sólo para nosotros y mis primos. ¡Qué ilusión nos hacía! 

Otras niñas recibían regalos de Papá Noel, de Santa Claus o de San Nicolás. Nunca supe bien, y sigo sin saberlo, si era el mismo en los tres casos, lo cierto es que a nuestra casa nunca vino. A mi amiga Patricia le traía regalos el Niño Jesús y a mí era algo que siempre me extrañaba porque se suponía que a Jesús se le regalaba pero no regalaba él. Un lío. Tampoco entendía muy bien el tema de los niños pobres. ¿Por qué a ellos los Reyes no les traían tantas cosas o más aún que a mí? No me cabía en la cabeza.

Recuerdo que en el cole el primer día después de Navidad te dejaban ir disfrazada y con un juguete. Era mi día favorito.

Han pasado muchos años ya pero sigo celebrando con la misma ilusión la noche de Reyes aunque debo reconocer que desde que soy paje a veces me estresa un poco. Nunca se si he cumplido bien las expectativas aunque trato siempre de ayudar lo mejor posible a Sus Majestades de Oriente.

Me encantan que los Reyes nos sigan escribiendo cartas en las que demuestran lo bien que nos conocen y cómo lo saben todo. Nada se les escapa. Me encanta prepararles la bandejita con algo de beber y de comer y no hay año que no me pregunte cómo son capaces de beber y comer tanto en una sola  noche. Claro que luego me acuerdo de que son magos y lo entiendo todo.

Ojalá la magia extendiera sus efectos más allá de este día. Ojalá llegara a rincones oscuros y les diera una pátina de luz. Ojalá transformara corazones y derribara barreras. Ojala hiciera vencer prejuicios y borrar desigualdades. Ojalá nos hiciera ver el mundo de nuevo con los ojos de un niño. Y ya puestos a pedir, ojalá tuviera efecto vacuna. Por si acaso y porque nunca se sabe, se lo seguiremos pidiendo a los Reyes. Quizá un año hasta nos lo merecemos!

Feliz año!!

Comentarios

  1. Querida amiga, no me puede gustar más el post de hoy, me veo tan identificada!!
    Para mi el día de Reyes era y sigue siendo MÁGICO y yo ese día me siento otra vez niña. Beso fuerte

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  2. A mi tb me sigue encantando el dia de reyes!! Me sigo levantando con las gallinas para dejar los regalitos al pie del arbol, junto a los zapatitos. Y cuando se despiertan mis padres, hacemos como cuando era pequeña: "Uy... si esta el arbolito encendido!! Uy, y mira los sofas con los cojines revueltos!! Habran venido los reyes??" Jajaja

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  3. Yo todos los años lloro ennla Cabalgata al ver a los Reyes...y este año he llorado más por no poder saludarlos!!!
    El año que viene volveré a llorar, de alegría.
    ������

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    Respuestas
    1. Este año tenías un paje muy especial allí arriba Pilar!! Un beso fuerte

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  4. Buenisimo Perez!!! Me ha encantado lo del primer día después de navidad que podías ir al cole disfrazado y con un regalo!! Era lo más!!!

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