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¿ La realidad supera la ficción?

 Madrid, 2085. - Tío ¿sabes que hoy he estado hablando mucho con mi abuela? -¿Presencialmente? - No, bro. No te pases. ¿Tú sabías que nuestros abuelos pensaban? -¿Cómo que "pensaban"? ¿ellos? ¿Sin un modelo de asistencia cognitiva?   -Sí. Usaban su cerebro. Todo el día. Para tomar decisiones, hacer cálculos, recordar cosas… Incluso para elegir entre dos tipos de leche.   -Pobre gente. Sin filtros, sin predicciones… todo a pelo. Qué fuerte. -Y aprendían idiomas.  -¿Cómo que aprendían?   - Tal cual, repetían verbos,memorizaban palabras.... No lo entiendo bien. - No me lo creo. - ¿Y qué me dices del transporte? ¡Conducían coches! Y usaban manos, ojos y nervios.   -¿Pero no les daba ansiedad tener que mirar la carretera?   -Claro que sí. Por eso, se insultaban entre ellos cuando lo hacían. -Uf. Me da vértigo solo pensarlo. -¿Y sabes que "iban al cine"?   -¿A ver una sola peli?  -¡Sí! Y se quedaban sentados, callados,...

Mujeres gato

Hace poco, en una cena, un amigo me dijo al oído. "No me fío de las mujeres gato. Cada vez que una de ellas me mira con esos ojos tensados y ese labio inmóvil me entra la duda de si querrá saludarme o cazarme." Me entró la risa, pero le entendí perfectamente y me alegró que alguien, por fin, sacase a la luz este tema, inquietante. Las mujeres gato están por todas partes. Cejas en pico. Ojos abiertos como faros. Labios que parecen recién inflados, como las ruedas de una bici. Hablan poco, miran mucho. No ronronean, pero casi. Deslizan las palabras. Seductoras, te acarician con la voz.   Los gatos son listos. No se apegan.  No obedecen. Observan.  Se van cuando quieren.  Vuelven sólo si les conviene.  Y cuando atacan, no avisan. Ellas también.  No se despeinan.  No se comprometen.  No se arrugan (literalmente). Van por la vida como si fueran de mármol. Son guapas. Pero dan miedo. No sabes si son de carne y hueso o de botox y ácido hialurónico. ...

Ángulos muertos

Ayer, un comercial de un concesionario nos explicaba las ventajas de un nuevo modelo de coche. Casi todo me sonaba a chino y desconecté, confiando en que mi marido, diligentemente, se estuviese enterando de todo. Pero en un momento dado, el comercial captó mi atención. Fue cuando comentó que el modelo de coche en cuestión iba dotado del más inteligente detector de ángulos muertos.  Los ángulos muertos siempre me han dado miedo. Son algo así como los agujeros negros o el triángulo de las Bermudas. Espacios llenos de misterio. La vida está llena de ángulos muertos. En ellos residen agazapadas circunstancias cercanas de las que no somos conscientes. Circunstancias que nos rodean sin hacer ruido, que caminan a nuestro lado, rozan nuestra vida, pero no las vemos.   Los ángulos muertos son rincones donde no llega la vista, ni la intuición.  Porque la vida guarda secretos que de repente emergen, como curvas en una carretera oscura. Y un día, algo salta desde un ángulo ciego...

El apagón

Desde la pandemia, no podemos negar que la realidad muy a menudo supera la ficción y pasan cosas tan inesperadas como la Filomena, la Dana, y ahora el apagón de dos países enteros.  Ante la falta de explicaciones oficiales, mi cabeza no para de dar vueltas a sus posibles causas. Y lo cierto es que se me ocurren muchas. Cualquiera de ellas podría ser una hipótesis más que razonable. Lo primero que a todos nos ha venido a la cabeza es un ciberataque. Tiene su lógica. Los ciberataques están al orden del día.  Pero... ¿un ciberataque de quién? ¿De Rusia? ¿Con qué objetivo? Putin, sin duda, es capaz de cualquier cosa y, tal y como está la geopoĺítica actual, no resultaría sorprendente. Pero  pensar en un ataque tan sofisticado, sincronizado y masivo da miedo, mucho miedo, así que prefiero desviar  mi cabeza hacia causas más "rocambolescas".  Hay quien habla de un fenómeno atmosférico raro. Esta posible causa me resulta poco creíble, a priori.  No hacía mucho frí...

Adivina, adivinanza

Formas parte de mi vida, Pero no me fío de ti. Caminas a mi lado, pero no eres buena compañía. Si me guío por ti, no suelo acertar. No sabes aconsejar.   Desordenas mi mundo. No me dejas pensar. A veces me haces falta. Sin tí no llegaría. Si me descuido, lo inundas todo. Siempre te quieres colar. Eres capaz de provocar accidentes, de sembrar el caos en un pis pas. Tu presencia en el mundo aumenta. Nos molestas, pero no te podemos evitar. Siempre vas por delante. Con tu ritmo particular. Te expandes rápido en la ciudad. Pero en el campo apenas estás. Los jóvenes te idolatran, Pero los mayores te olvidan. Los niños apenas te conocen. Aunque te tendemos a contagiar. Eres la causa de grandes errores. Una trampa del tiempo. Un agujero que devora.   Eres bandera del tiempo actual. Una tirana dictadora. Un tentáculo que aprieta. Un dejarse llevar. Déjame libre. No me atosigues. Déjame respirar.

Cinco meses después

Pasear por Catarroja y Paiporta, 5 meses después de aquella terrible noche del 29 de octubre, es aún desolador. Lo hemos visto mil veces en el telediario. Nos hemos estremecido y emocionado, pero me pregunto si no lo habremos olvidado. Pero cuando vas allí y paseas por sus calles, se te ponen los pelos de punta. Cada pared, cada muro, cada fachada es testigo de la desgracia.  En muchas aún se ve la señal de la atura que alcanzó el agua, que en algunos sitios fue de cerca de 3 metros. Tres metros de torrente, de agua sucia, de agua con barro, de agua cargada de cañas, de porquería, de aguas fecales, que arrasó con todo lo que encontró a su paso, con una fuerza tan descomunal que llegó a arrancar hasta las vías del tren. Ver en directo el famoso Barranco del Poyo impresiona. Impresiona verlo seco e imaginarlo lleno de agua hasta desbordarse.  En muchos barrios de Paiporta parece que ha habido una guerra.  Miras a tu alrededor y no parece España. Piensas en esas imágenes que...

A las de cierta edad

Mi madre dice que los niños ( a las niñas les pasa mucho menos), cuando llegan a la adolescencia, entran en “descomposición factorial”.  Creo que es una expresión que se ha inventado, o quizá ya la decía mi abuela, no lo sé, pero es cierto. Los niños, cuando llegan a los 14 o los 15, se descomponen como paso previo a su transformación. Les crece la nariz, les sale el bigotillo, les crecen tres pelos en la barbilla, se llenan de granos, las extremidades se les empiezan a alargar, les cambia la voz, les crece la nuez, emiten “gallos” y les crecen pelos en las piernas. Es un proceso natural y los pobres lo llevan lo mejor que pueden.  Sin embargo, “poco se habla” como se dice ahora, de otro proceso de descomposición factorial, igualmente natural, pero que, por razones desconocidas, se silencia. Me refiero a la descomposición que sufrimos las mujeres llegadas a una determinada edad. Algunas leerán estas líneas y me regañarán. Otras no se verán reflejadas, bien por ellas, pero otra...

Ausencia

Los recuerdos inundan mis sueños. Te echo de menos. Ya no estás. Me aterra no verte de nuevo. No volvernos a encontrar. Cuanto daría por tenerte cerca. Por poderte hablar. Sin tí me siento pequeña. Ya nadie me protegerá. Haría lo que no hice. Y mil veces más lo que sí. No me perdería ese instante.  Ya no tengo oportunidad.  Sigo hablándote por dentro.  Te siento en la oscuridad. La vida sigue su curso.  Pero tú ya no estás. Tus cosas no tienen dueño. Compartimos orfandad. Los olores se evaporan. Pronto también se perderán. Me asusta el vacío. Un agujero que trato de llenar.  Cuanto más se llena más se ahonda. Una herida sin sanar. No quiero etiquetar mi dolor. Ni quiero frenar mi tristeza. No quiero desanudar el nudo  Que me une a tu ausencia. Leeré tus libros. Veré tus fotos. Recordaré tus palabras. Pero tú ya no estás.

De Internet y de gatos

El nivel de desconfianza de Internet hacia mi persona ha alcanzado cotas insospechadas.  Lo último que Internet me ha obligado a hacer para verificar mi identidad ha sido reconocer entre tres audios distintos cuál era el maullido de un gato. He tenido que escuchar los tres sonidos varias veces porque todos me parecían gatos.  El primero de ellos era el sonido de un gato cortejando a una gata, un gato elegante rondando a una coqueta gatita. El segundo era una pobre gata pariendo, un maullido quejicoso y lastimero. Y el tercero, un gato afónico, y seguramente francés, porque en vez de maullar diciendo MIAUUUU como hacen nuestros gatos patrios de toda la vida, éste decía MIOOOOOO, pero era un gato igualmente, salvo que a los gatos franceses la IA les considere “chats” y no cuenten a estos efectos. La cosa es que he tenido que repetir el ejercicio varias veces porque la prueba no me dejaba elegir las 3 opciones. Me ha recordado a los test psicotécnicos del colegio, esos en los q...

Bendito 31 de enero

Por fin llegó el 31 de enero. Me pregunto cómo es posible que un mes se haga tan largo, teniendo en cuenta, además, que lo empezamos una semana más tarde.  Porque la primera semana de enero es, en realidad, una semana de impasse, un compás de espera. Hasta el 7 de enero uno no entra en faena.  Seguimos de resaca, de festejos, de cabalgata de Reyes, de roscones, de regalos, de emoción. Pero a partir del 7 llega la realidad y qué cuesta arriba se hace. Con razón se habla de la cuesta de enero. Una cuesta tan pronunciada que a veces se hace difícil subirla. Dicen los expertos que es una cuestión de dopamina. En diciembre, con tanto jolgorio, la dopamina se dispara y nos provoca un estado de subidón. En enero, sin embargo, la alegría se frena, desciende la dopamina y nos entra en bajón. Algo así debe pasar. Enero es el mes en el que uno pone a prueba su fuerza de voluntad. Toca dejar de comer, retomar el ejercicio, poner en marcha los nuevos propósitos. Es el mes en el que se ...