Me gusta mucho el sonido de algunas palabras, con independencia de su significado. Me gusta cómo resuenan cuando se pronuncian, cómo vibran, cómo incluso parece que te acarician cuando alguien las dice.
Hay letras que bailan muy bien juntas en una palabra. Por ejemplo, la "c" y la "l". Por eso me gustan palabras como tecla, clon, claqué, Clotilde o eclipse.
También hacen muy buena pareja la "b" o la "v": con la "l". Se las ve felices juntas en palabras como bledo o blando o incluso en otras donde las separa una vocal como ocurre en belén, baldosa o válvula.
Hay palabras que me resultan divertidas. Quizá es por la repetición rítmica de sus vocales. Son palabras como pizpireta, pizca, coco, caca, piripi, polvorín, polvorón, bereber, voltereta, retintín, tostón, chirimiri, o cucurucho. Son en si mismas como pequeñas canciones.
Las palabras de origen árabe me parecen en cambio evocadoras. Tienen una musicalidad envolvente: almohada, alféizar, albañil, álgebra, alambique, alhaja. Quizá sea por esa entrada suave del “al”, que funciona casi como un susurro: alteza, altar, almorzar, albaricoque.
Me gustan también las palabras largas. Tienen personalidad y carácter. Se imponen cuando se pronuncian. Las ganadoras son, sin duda, esternocleidomastoideo y otorrinolaringólogo, que no son sólo palabras sino verdaderos acontecimientos. Son palabras apabullantes que dominan y llenan el espacio cuando se dicen. Que te dejan casi sin respiración.
En el lado opuesto, me maravilla la capacidad de los monosílabos para decir tanto con tan poco: mal, bien, pez, mar, paz. Y qué decir de esos mínimos absolutos que son sí y no: dos letras capaces de cambiarlo todo.
Hay también finales de palabras que me resultan especialmente agradables. Las palabras que terminan en -ina,.por ejemplo, tienen algo dulce: pegatina, chocolatina, golosina, escabechina.
Pero también hay palabras que me suenan mal. Por ejemplo, chorrada. Esa "ch" seguida de una doble "r" es demasiada intensidad concentrada. Chorrada es una palabra que me intimida. Pasa algo parecido con serrucho, chorrera, o chamarra. Son palabras que suenan más duras de lo necesario, como si llevaran dentro una agresividad oculta. Podrían usarse como insulto: “eres un serrucho”.
La combinación de la "j" y la "t" también produce palabras contundentes, aunque algo menos agresivas: jeta, tejado o gitano. Cuando las dices sientes cierta aspereza en la garganta. Es por culpa de la jota.
Y, por último, están esas palabras que me resultan directamente desagradables como sobaco, esputo, pota o escorbuto. Suenan incómodas, casi como si no quisieran ser pronunciadas.
Lo cierto es que el lenguaje no sólo sirve para comunicar, también se saborea y se siente. Aunque supongo que al final, todo dependerá de quién lo hable, porque en la boca idónea todo suena siempre mejor.
¡Feliz semana!

Gracias María! Me preguntó que palabra te inspiró para escribir palabras!! Un abrazo
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