Es curioso la cantidad de situaciones pintorescas que ocurren en un ascensor.
Una amiga trabaja en el piso 28 de una gran torre. Un día, a primera hora, entró sola en el ascensor. Relajada y confiada, se tiró un discreto pedo. En el siguiente piso se abrieron las puertas y entró su jefe. El ascensor olía a bomba fétida. Él se tapó la nariz y la miró. Ella hizo como si la cosa no fuese con ella y creyó morirse. Él puso cara de circunstancia. Subieron juntos 27 plantas que a mi amiga le parecieron siete años.
La historia de otra conocida fue aún peor. Subía en ascensor a su ofina cuando entró una compañera jovencita y voluptuosa hablando por teléfono a voz en grito. El ascensor era tan pequeño que todos los que estaban dentro oían perfectamente la conversación un tanto subida de tono. A mi amiga le pareció reconocer la voz de su marido al otro lado del teléfono pero, inocente, pensó que era imposible que fuese él. Hasta que su compañera se despidió y pronunció el nombre de su interlocutor, el de su marido. Se separaron al mes.
Hay gente que no puede subir en ascensor porque tiene claustrofobia.
Gente que ha dado a luz en un ascensor.
Gente que ha conocido a su media naranja en un ascensor.
Gente que se ha declarado o ha dado su primer beso entre el quinto y sexto piso.
Y luego está ese otro momento incómodo en el que se abren las puertas y aparece alguien que no quieres ver. Y te quedas fuera pero con un pie dentro. Y vacilas si entrar o salir. Pie dentro. Pie fuera. Entro. No entro. Y los de dentro te miran como si esperaran que tomaras una decisión histórica.
Mucha gente se ha quedado atrapada en un ascensor, sola, o aún peor, con desconocidos.
La primera vez que oi que alguien se había quedado "colgado" en el ascensor me lo imaginé ahorcado y me dio mucho miedo. Yo tenia 7 años. Lo peor es que mi madre insistía, además, en que se había quedado colgado con sus dos gigantescos perros. La escena de los tres ahorcados tardó mucho en irseme de la cabeza.
Un ascensor es una especie de microcosmos donde, además de hacerse muy patentes los olores corporales, se mide bien la educación de las personas y también su capacidad para manejar los silencios incómodos, las conversaciones intrascendentes o los espontáneos pronósticos meteorológicos.
Subir a un ascensor no es ni mucho menos cuestión baladí. Deberíamos ser capaces de elegir con más tiempo y cabeza con quién queremos hacer el viaje porque es un aventura que sabes cómo empieza pero nunca cómo acabará.
Feliz semana!!

Me parto contigo, jaja
ResponderEliminarJeje
Eliminar¿Lo de tus amigas es verdad?
ResponderEliminarTú qué crees??
EliminarVuelvo hoy Maria! He estado out una buena temporada!! Pero hoy mereció la pena leerte tan pronto lo ví!!! Qué genial eres! Me ha rechiflado. Me sentí dentro del ascensor
EliminarHorror, se me ha pasado el dedo a publicar y ha saltado!!! Qué torpe soy!!! Ya no puedo seguir. Perdon!! 😔🙏
EliminarMil gracias!! Qué ilusión q te haya gustado!!
EliminarJajaja muy bueno María, también las hay que han ligado en el ascensor…. A mí nunca me ha pasado!! 😍
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