Siempre me fijo en las uñas. Hay quien mira los zapatos, la sonrisa, los ojos… Yo miro las uñas. Las uñas hablan por sí mismas. Son una seña de identidad, una carta de presentación. Sólo mirando las uñas puedes intuir cómo es alguien: si es cuidadoso o caótico, limpio o sucio, paciente o ansioso. No me gusta que la gente se muerda las uñas. No soporto el ruido que hacen, ni esa cara de concentración que se les pone mientras se las muerden. Las uñas largas en los hombres me horripilan. En mi casa siempre las hemos llamado “uñas de chino”, porque los chinos suelen llevarlas largas. Todas ellas o solo algunas, sobre todo la del meñique. Prefiero no saber para qué la usan. A veces intento ser comprensiva. Cuando conozco a un hombre con las uñas largas pienso que igual toca la guitarra. Pero casi nunca es así. La mayoría de las veces no hay guitarra, solo uñas. He dejado a dos novios por sus uñas. A uno, porque las tenía largas. Al otro, porque se las comía. Una noche fuimos al cine y se pa...
Escribo sobre la vida. Reflexiones, pensamientos, ideas que cruzan por mi mente, viajes, anécdotas, aventuras...