Érase una vez un hombre que lo tenía todo. Riqueza, poder, éxitos, aplausos, portadas, palacios. Había construido empresas, imperios y torres. Incluso había construido una versión de sí mismo que le gustaba más que la real.
En su juventud, hizo cosas buenas, cosas importantes, tomó decisiones valientes. Pero con los años empezó a gustarle más el sonido de los aplausos que el de la verdad. Y se rodeó de aduladores, personas que asentían a todo lo que él decía, que reían sus chistes sin gracia y aplaudían sus locuras y caprichos por muy descabellados que fueran.
Nadie nunca le llevaba la contraria. Nadie le decía nunca que no. Nadie le decía “eso es mala idea".
Y como ya lo había probado todo, empezó a aburrirse.
-Necesito algo más grande- dijo una mañana. Y como todo lo que decía se cumplía al instante, le trajeron una bola del mundo gigante, brillante,con países, océanos y continentes pintados con colores vivos. Y la colocaron en el centro de su salón.
Cada mañana, al despertar, bajaba en bata, se acercaba a la bola, cerraba los ojos y hacía girar el mundo con el dedo. Cuando se detenía, miraba dónde había caído. -Aquí- decía. -Hoy haremos "algo" aquí-. Y lo hacía, cada día en el país que tocara. A veces ese "algo" era bueno, a veces malo.
Si un país le llevaba la contraria, le castigaba. Si otro le halagaba, le premiaba. Si un país tenía algo que deseaba, inventaba una razón para conseguirlo.
Y como sus órdenes se cumplían rápido, el mundo empezó a desordenarse. Las alianzas se rompían. Los mercados temblaban. Las palabras perdían valor.
Los países se miraban unos a otros con miedo, pero nadie se atrevía a detenerlo.
-No digas nada- susurraban—. Mañana el dedo puede caer sobre nosotros.
Y así, por miedo, el silencio se hizo cómplice.
Hasta que un día, mientras los guardias dormitaban, un niño se coló en la mansión. No era un niño importante. No era un niño poderoso. Era sólo un niño curioso.
Entró en el gran salón y vio la bola del mundo. Sus ojos se abrieron como platos.
—¡Una pelota gigante! —dijo, riendo.
Trepar fue fácil. El niño se subió encima y, jugando, empujó la gran bola con los pies. La bola rodó. Primero despacio. Luego más rápido. Luego sin control.
En ese momento, entró el magnate. Pero la bola siguió rodando, enorme, imparable. Hasta que el hombre que había querido dominar el mundo terminó en el suelo, aplastado por aquello que había tratado como un juguete.
El silencio fue total. El niño bajó de la bola, despeinado. -Se ha roto- dijo, triste.
Pero no estaba rota. La bola seguía girando pero más despacio, sin dedo que la empujara. Sin órdenes gritadas desde arriba.
Mientras, fuera, el mundo esperaba. Esperaba castigos. Esperaba premios. Esperaba caprichos. Pero no llegaba nada. Sólo el giro normal de los días. El ruido de muchas voces en lugar del de una sola. Decisiones lentas, torpes a veces, pero compartidas.
Los poderosos del mundo fueron a buscar al niño. -Tú has detenido al tirano. Debes ser nuestro nuevo jefe-.
El niño los miró, confundido -¿Jefe? -Yo solo quería jugar. Y señaló la bola. -A lo mejor el problema era que sólo jugaba uno-.
Los adultos se miraron entre ellos y empezaron a empujar la bola entre muchos. No giraba tan rápido. No iba siempre en línea recta. A veces discutían hacia qué lado empujar.
Pero el mundo dejó de ser un juguete y volvió a ser un lugar donde vivir.
Feliz semana!
*Los personajes y hechos retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas o hechos reales es pura coincidencia.

Me encanta !!! Buenisima interpretación de "hechos no reales" . Metáfora!
ResponderEliminarFantástico.
ResponderEliminarTienes que editar un libro con estos "cuentos cortos" tan amenos. 👍
ResponderEliminarJeje. Muchas gracias!!
EliminarAy Maria que crack eres.. que sutileza al describir como esta el mundo ahora y en manos de quien estamos...
ResponderEliminarJeje. Mil gracias
EliminarMaría!. Soy Cristina. Hoy te has superado!! Bravo!! Creo todos pensamos en la misma persona al leer tu relato, pero tu metáfora es extraordinaria. Con tu permiso comparto tu relato con algunos que se que lo van a apreciar. Besos
ResponderEliminarMuchas gracias Cristina! Y me encanta q lo compartas!!
EliminarDe acuerdo con lo de recopilar tus escritos!! Es que ya no sé cual me gusta más, María!!!
ResponderEliminarJeje..muchas gracias!!😊
Eliminarcualquier parecido con la realidad es pura coincidencia....jeje . muy bueno y actual, María
ResponderEliminar¡Muy bueno María! Te veo escribiendo en las próximas semanas sobre la película (por decir algo) de la mujer (por decir algo también) del hombre. Jajajaja
ResponderEliminarJaja... ya escribí hace años sobre ella.... recuperaré el post...
EliminarBuenísimo! Necesitamos a ese niño yaa
ResponderEliminarSea quien sea o “lo que sea”
Jeje.. dónde se esconderá??
EliminarAunque cualquier "parecido con la realidad" sea pura casualidad, no se puede describir mejor, y ante todo esos personajes de medio pelo, lo que yo denomino los "palmeros".
ResponderEliminarcomo el personaje del bufón,Wiggins, que acompaña al gobernador, en la película de Pochontas.