La geopolítica se ha puesto de moda. Antes era una palabra lejana, que evocaba mapas desplegados y señores concentrados con las cejas muy fruncidas, como Churchill. Una palabra reservada a políticos, analistas y diplomáticos.
Hoy, la geopolítica lo invade todo y cualquiera sabe de geopolítica.
El término no es nuevo. Nace a finales del siglo XIX para explicar cómo la posición geográfica de los países influye en su poder, en sus decisiones y en su forma de relacionarse con el mundo. Dónde estás importa y mucho.
Lo cierto es que es una palabra elegante, sobria y precisa, que hoy usamos con una flexibilidad sorprendente. A veces con conocimiento, pero muchas otras, como muletilla culta para explicar lo que se nos escapa. "Esto es geopolítica". Asunto resuelto.
La RAE define la geopolítica como el “estudio de los condicionamientos geográficos de la política”.
La influencia de la geografía sobre la política es evidente. Pero, en realidad, casi todas las decisiones importantes de la vida están marcadas por la geografía.
Las pequeñas circunstancias diarias que van marcando el destino dependen mucho más de lo que pensamos de la calle, el barrio, la ciudad o el país en el que vivimos. Estamos condicionados por nuestra posición geográfica en el mundo.
Quizá la geopolítica no sea sólo cosa de países, fronteras y grandes estrategias. Quizá empiece mucho antes: en la acera de enfrente, en un encuentro imprevisto, en la casualidad de coincidir. La geografía aplicada a lo doméstico, a lo cotidiano.
La geopolítica marca el rumbo del planeta. Pero estar en un sitio concreto y no en otro escribe nuestro destino. Es la geocotidianeidad la que, sin ruido, va trazando el mapa de nuestra vida.
Feliz semana!

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